Mujeres peruanas : el otro lado de la historia

Mujeres peruanas. El otro lado de la historia 294 ¿Qu sucede con la instrucci n oficial? Como no funcionan escuelas normales, los directores de Liceos brotan por generaci n espontánea o se forman por decreto nominativo del Gobierno; como los profesores no pueden atenerse a un sueldo inseguro, mezquino i deficiente, el profesorado, en lugar de ser ocupaci n exclusiva o carrera pública, se convierte se aladamente en las universidades en cargo suplementario, auxiliar o de lujo. ¿Qu pasa con la instrucci n independiente? Universidades libres no existen, liceos o gimnasios de igual clase luchan desesperadamente para no ceder a la competencia de los cl rigos. Poseemos maestros hábiles, ilustrados i de tanta elevaci n moral que llevan el desinter s hasta el sacrificio; pero esos buenos obreros laboran silenciosa i oscuramente como la savia en el interior del árbol: se recata el m rito, se impone el reclame; se eclipsa el pedagogo, i brilla el pedante”27. Las esclavas de la iglesia En una conferencia pronunciada en septiembre de 1904 en la logia mas nica de Lima Stella d’Italia, titulada “Las esclavas de la iglesia”28, González Prada responsabiliza a la religi n cat lica de mantener a las mujeres apartadas del conocimiento, mientras que en Estados Unidos y en las naciones reformadas de Europa las mujeres brillaban por su ilustraci n y carácter. La diferencia radica en que en estos pa ses las mujeres han tenido acceso a la educaci n a diferencia de los hogares peruanos donde el padre delega al sacerdote “la direcci n moral de la familia, resignándose a vivir eternamente deprimido bajo un tutelaje clerical”29. Equipara la emancipaci n de la mujer con la ansiada libertad del esclavo en la conquista de una educaci n que le permita ser persona y ciudadana30. S lo entonces podrá luchar contra la sujeci n can nica y un ordenamiento jur dico que la equipara a los ni os y a los locos, la condena 27 Ib dem, p. 75. 28 González Prada. “Las esclavas de la iglesia” (1904). Ob. Cit., p. 235. 29 Ib dem, pp. 236-237. 30 Jos Gálvez, se ala que las t as eran una instituci n en Lima: “Nadie como ellas para presidir asociaciones piadosas, preparar pastillas para las fiestas del santo preferido, arreglar los nacimientos, (…) y realizar en las casas el franciscano prodigio de lograr la camarader a de perros y gatos. Jos Gálvez. Estampas limeñas. Lima, 1966, p. 139.

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