Mujeres peruanas : el otro lado de la historia

Sara Beatriz Guardia 291 sociedades financieras, paisanos astutos que hicieron de la pol tica una faena lucrativa o soldados impulsivos que vieron en la Presidencia de la República el último grado de la carrera militar. No faltaron hombres empe ados en constituir partidos homog neos y s lidos; mas al fin quedaron aislados, sin colaboradores ni disc pulos, y tuvieron que enmudecer para siempre o limitarse a ejercer un apostolado solitario”14. Salvar a las mujeres En sus escritos, González Prada expresa admiraci n por el conocimiento. ¿Cabe don más valioso que el pensamiento?1515, se pregunta. Un pensamiento formado en la lectura y ofrecido a todos con la verdad e ideas adquiridas en permanente lucha contra el sacerdote cat lico que representa “una monta a sombra y escabrosa, interpuesta en el camino hacia la luz”. El dogma del clero se convierte as en algo tan da ino por lo que se torna necesario combatirlo. En esta perspectiva, va directo al centro del debate, no rehúye la confrontaci n, y con su ejemplo insta a romper “el pacto infame y tácito de hablar a media voz”. Considerando la religi n, “como una superstici n primitiva contraria a la raz n, fuente de pasividad intelectual y de resignaci n social”16. Desarma ideol gicamente a conservadores y liberales por igual, y sitúa a la moral como cuesti n fundamental. Califica a Nicolás de Pi rola de “mesas de los conservadores”, cuya acci n se limit a fundar iglesias con “frailes advenedizos”, y oponerse a la ejecuci n de leyes favorables a la secularizaci n del C digo Civil. Solo eso ser a suficiente para restarles credibilidad pol tica, enfatiza, y sin embargo “exigen a sus correligionarios, y principalmente a sus jefes, una envoltura o epidermis sin manchas ni granulaciones sospechosas. Como siguen la ley de salvar las apariencias, desean que su monstruo guarde inc lume la piel, aunque lleve ensangrentados los colmillos”17. Mientras que los liberales democráticos que surgieron en 1897 con cierta moderaci n, en 1900 tienen “aires de bravucones y pujos de 14 González Prada. “Los partidos y la Uni n Nacional”. Ob. Cit., pp. 201-202. 15 González Prada. “Libre pensamiento de acci n” (1898). Ob. Cit., p. 222. 16 Joël Delhom. Ob. Cit., 2006, p. 57. 17 González Prada. “Nuestros conservadores” (1902). Ob. Cit., p. 262

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