Mujeres peruanas. El otro lado de la historia 238 jamás al Perú... ¡”22, y con lágrimas en los ojos llama a su hermana, y le dice - no me siento bien – mientras Escudero advierte que podr a tener un ataque de epilepsia.24 Flora Tristán abandon el barco profundamente impresionada, y esa noche no pudo dormir reflexionando sobre la ambici n que ella tambi n ha sentido de ocupar alguna vez una posici n elevada. Pero, ¿eran esos los tormentos que le estaban reservados?, se pregunt con angustia, y exclam , “¡Cuánto más nobles y preferibles me parec an mi pobreza y mi vida oscura con libertad!”23. 25 Al da siguiente regres nuevamente al Callao. Francisca Zubiaga hab a dejado el William Rusthon y estaba a bordo del Jeune Henriette que zarpaba ese d a a Valpara so. Antes de ingresar al camarote, Escudero le cuenta que Francisca hab a sufrido un violento ataque de epilepsia, lo que despu s ella misma lo confirma. Le dice que ha consultado a los m dicos, y que ha hecho todo cuanto le hab an prescrito sin ningún resultado. “Esta enfermedad, me ha perjudicado en todo lo que he querido emprender. Cualquier emoci n fuerte me causa en seguida un ataque. Usted puede juzgar por all cuántos obstáculos ha debido oponer a mi carrera”24 .26 Despu s de un silencio, elev los ojos al cielo y dijo: “S. Dejo mi pas para no regresar jamás…”. La contempl entonces, escribe Flora Tristán, “¡Qu cambiada la encontraba desde la vspera! ¡Sus mejillas se haban adelgazado, su tez estaba lvida, sus labios exangües, sus ojos hundidos y brillantes como relámpagos! ¡Qu fras, tena las manos!”25. Sin poderlo evitar, Flora Tristán llora y sus lágrimas caen sobre el brazo de la Mariscala que exclama: 27 “¿Lloras, tú? ¡Ah! ¡Bendito sea Dios! ¡Tú eres joven! hay todav a vida en ti, llora por m que ya no tengo lágrimas... por m que ya no soy nada... por m que estoy muerta...”26.28 22 Ib dem, p. 537. 23 Ib dem, p. 542 24 Ib dem, p. 544. 25 Ib dem, pp. 544 - 545 26 Ib dem, p. 545.
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