Sara Beatriz Guardia 239 Cerr los ojos y todos acudieron a su lado, mientras el capitán les ped a retirarse del barco. La última imagen que tuvo Flora Tristán de la Mariscala, fue cuando desde el puerto vio alejarse el barco de la rada, y distingui “en la cubierta a una mujer envuelta en una capa oscura y con los cabellos desgre ados”, que “extenda los brazos hacia una chalupa y agitaba un pa uelo blanco. Era la ex-presidenta del Perú que diriga su último adi s a su hermana y a los amigos a quienes no deb a volver a ver”27.29 A su llegada a Valpara so, Francisca Zubiaga alquil una casa donde se estableci con Escudero y varios servidores. Los chilenos la recibieron con desd n y los peruanos residentes en esa ciudad no quisieron verla. Solo el Mariscal La Fuente tuvo la generosidad de enviarle el m dico de una fragata peruana que hab a anclado en ese puerto, quien le comunic que le quedaban pocos das de vida. Entonces pidi comulgar, y solicit que la dejaran en su habitaci n hasta el da siguiente. “Sola, se visti de blanco, redacto un lac nico testamento en el cual declaraba ser cristiana y ordenaba que su coraz n fuese extra do, y enviado donde su esposo, si aún viv a, y sino al Cusco”28. Perfum la habitaci n, pein sus cabellos y esper la muerte con serenidad. Muri en la ciudad de Valpara so, el 8 de mayo de 1835, a los 32 a os de edad. 30 27 Ib dem, p. 545. 28 Cornejo Buroncle. “Francisca Zubiaga”. Ob. Cit., p. 81.
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