Mujeres peruanas : el otro lado de la historia

207 CAPITULO IX EL PENSAMIENTO ILUSTRADO Despertar de la vida intelectual en la segunda mitad del siglo XVIII El siglo XVIII, llamado tambi n el siglo de las luces por el desarrollo de la filosof a y de la ciencia, y por la preeminencia que le otorg al principio universal de libertad, igualdad y fraternidad, posibilit la idea del laicismo de la cultura y la educaci n, hasta entonces dominio de la iglesia cat lica. Sin embargo, la propuesta no incluy a las mujeres. Rousseau, uno de los impulsores de la educaci n como fuerza transformadora de la sociedad plantea en Emilio publicado en 1762, que “toda la educaci n de las mujeres debe estar referida a los hombres. Agradarles, serles útiles, hacerse amar y honrar por ellos, criarles desde peque os, cuidarles cuando sean mayores, aconsejarles, consolarles, hacerles la vida agradable y dulce: stos son los deberes de las mujeres de todos los tiempos y lo que ha ense árseles desde la infancia”1. Enunciado que ratifica en El contrato social cuando propone una sociedad de productores independientes donde la propiedad privada fuera considerada un derecho individual, y existiera “la igualdad de todos los ciudadanos en el sentido de que todos deben disfrutar de los mismos derechos”2, como las mujeres no podan poseer propiedades productivas integraban la sociedad civil pero no eran miembros de pleno derecho. Mientras Jeremy Bentham en su Teoría de la Legislación (1789), plante un sufragio que exclua a los pobres, los analfabetos, y las mujeres; y otro te rico desarrollista, James Mill, en “Del Gobierno” se al la necesidad de excluir a personas cuyos intereses estaban comprendidos en los de otras personas, como el de las mujeres incluidos en el de sus padres y maridos. L gica nada extra a en esa poca, según Macpherson “un dem crata del siglo XVIII pod a concebir una sociedad de una sola clase y excluir a la mujer; 1 Jean-Jacques Rousseau. Emilio o la Educación. Barcelona, 1983, Cap. V. 2 Jean-Jacques Rousseau. El contrato social. Madrid, 1988, p. 76.

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