Mujeres peruanas : el otro lado de la historia

Mujeres peruanas. El otro lado de la historia 196 sitiar y pedir que se le rindiese esta ciudad, para que all se queme en una hoguera que estará preparada, echando sus cenizas al aire, y en cuyo lugar se pondrá una lápida de piedra que exprese sus principales delitos y muerte, para sola memoria y escarmiento de su execrable acci n. Su cabeza se remitirá al pueblo de Tinta, para que estando tres das en la horca se ponga despu s en un palo a la entrada más pública de l; uno de los brazos al de Tungasuca, en donde fue cacique, para lo mismo, y el otro para que se ponga y ejecute lo propio en la capital de la provincia de Carabaya, enviando igualmente, y para que se observe la referida demostraci n, una pierna al pueblo de Livitaca en la de Chumbivilcas, y la restante al de Santa Rosa en la de Lampa, con testimonio y orden a los respectivos corregidores o justicias territoriales para que publiquen esta sentencia con la mayor solemnidad por bando, luego que llegue a sus manos y en otro igual d a todos los a os subsiguientes, de que darán aviso instruido a los superiores gobiernos, a quienes reconozcan dichos territorios. (…) Se prohbe que usen los indios los trajes de la gentilidad, y especialmente los de la nobleza de ella, que solo sirven de representarles los que usaban sus antiguos Incas, recordándoles memorias que nada otra cosa influyen que en conciliarles más y más odio a la naci n dominante, fuera de ser su aspecto ridculo y poco conforme a la pureza de nuestra religi n, pues colocan en varias partes de l al Sol, que fue su primera deidad. Extendi ndose esta resoluci n a todas las provincias de esta Am rica Meridional, dejando del todo extinguidos tales trajes, tanto los que directamente representan las vestiduras de sus gentiles reyes con sus insignias, cuales con el unco, que es una especie de camiseta; yacollas, que son unas mantas muy ricas de terciopelo negro o tafetán; mascapaycha, que es un c rculo a manera de corona, de que hacen descender cierta insignia de nobleza antigua, significada en una mota o borla de lana de alpaca colorada, y cualesquiera otros de esta especie o significaci n. (…) Del propio modo, se prohben y quitan las trompetas o clarines que usan los indios en sus funciones, a las que llaman pututos, y son unos caracoles marinos de un sonido extra o y lúgubre, con que anuncian el duelo y lamentable memoria que hacen de su antigüedad. Y tambi n el que usen y traigan vestidos negros en se al de luto, que arrastran en algunas provincias como recuerdos de sus difuntos monarcas y del d a o tiempo de la conquista, que ellos tienen por fatal y nosotros por feliz pues se unieron al gremio de la Iglesia Cat lica y a la amabil sima y dulc sima dominaci n de nuestros Reyes.

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