Mujeres peruanas : el otro lado de la historia

Sara Beatriz Guardia 195 (excomuniones) de la Iglesia, quitándolas de las puertas de ella donde las vea fijadas; y sustituyendo en su lugar edictos suyos; publicando bandos, dando comisiones, nombrando quienes se hicieran cargo de la administraci n de sacramentos, mandando cerrar las iglesias cuando le pareca; dando pases para que sus soldados no impidiesen a los de su facci n; escribiendo cartas a fin de publicar los felices sucesos de su marido, encaminados como se explicaba escandalosamente, a librar el Reino de tantos pechos y cargas; pidiendo le enviasen gente, con pena de la vida al inobediente”93. Fue condenada a la pena de muerte. Todos sus bienes embargados, sus casas arrasadas a “vista de todo el pueblo, donde existieran”, firmado Jos Antonio de Arreche, Ciudad del Cusco, a los 16 das del mes de mayo de 1781”94. La sentencia del Visitador D. Jos Antonio de Areche contra Jos Gabriel Túpac Amaru, signific una sentencia contra la sociedad y la cultura andinas. Es decir, todo lo que Túpac Amaru representaba. Se prohibi el uso del idioma quechua, instrumentos musicales, y la indumentaria de la nobleza Inca con la finalidad de romper el lazo de uni n con el imperio vencido: “Debo Condenar y Condeno a Jos Gabriel Túpac-Amaro a que sea sacado a la plaza principal y pública de esta ciudad, arrastrado hasta el lugar del suplicio, donde presencie la ejecuci n de las sentencias que se dieren a su mujer Micaela Bastidas, sus dos hijos Hip lito y Fernando Túpac-Amaro, a su to Francisco Túpac-Amaro, a su cu ado Antonio Bastidas, y algunos de los principales capitanes y auxiliadores de su inicua y perversa intenci n o proyecto, los cuales han de morir en el propio d a; y concluidas estas sentencias, se le cortará por el verdugo la lengua, y despu s amarrado o atado por cada uno de los brazos y pies con cuerdas fuertes y de modo que cada una de estas se pueda atar o prender con facilidad a otras que prendan de las cinchas de cuatro caballos, para que puesto de este modo o de suerte que cada uno de stos plaza, marchen o arranquen a una voz los caballos, de forma que quede dividido su cuerpo en otras tantas partes, llevándose este, luego que sea hora, al cerro o altura llamada de Picchu, adonde tuvo el atrevimiento de venir a intimidar, 93 La Rebelión de Túpac Amaru. Ob. Cit., Tomo II, Volumen 2°, p. 718. 94 Ib dem, pp. 736-737.

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