Mujeres peruanas : el otro lado de la historia

Mujeres peruanas. El otro lado de la historia 156 orden y sus hermanas en la religi n. Al confesor le corresponda escuchar, descifrar, ordenar los signos de espiritualidad y su reinterpretaci n”27. Eran los confesores y guas espirituales que controlaban, regulaban, apoyaban o desestimaban los textos. Mediaci n y consentimiento vinculados a las normas y preceptos de la Iglesia y del Tribunal de la Santa Inquisici n. No fue entonces difcil que las iluminadas se convirtieran en herejes, como In s de Velasco, que escribi 54 cuadernos que fueron quemados durante su juicio28; Mariana de Orbegozo y Mar a Juana del Castillo, a quienes se les encontr cuadernos cuyo contenido a juicio de los inquisidores comprend a temas literarios no acordes con el dogma religioso. A fines del perodo colonial surgi una figura femenina importante: Isabel de Orbea, quizá la escritora más destacada del siglo XVIII. Procesada por la Inquisici n por su carácter liberal y amplio, fue encarcelada y posteriormente condecorada con la Orden del Sol por el General San Martn. Incluso, algunas iluminadas convertidas en herejes fueron posteriormente admitidas por la Iglesia como Luisa Melgarejo, acusada por la Inquisici n en el siglo XVIII, y posteriormente santificada por sus visiones m sticas. Localizar y estudiar estos textos de la literatura iluminada del Perú colonial es una tarea y un reto aún por realizar. Son escasas las fuentes, pero algunas tienen un innegable valor, como los informes y causas que el Santo Oficio del Perú enviaba a la Corte Inquisitorial Suprema en Espa a. Abrir esas páginas, ingresar por los pasadizos de los conventos hasta la solitaria celda, nos mostrará mujeres laceradas por la culpa de escribir como Mara Jacinta de Montoya, directora del Beaterio Jesús Mara y Jos , quien se present a la Inquisici n pidiendo ser juzgada y castigada. Los textos más conocidos que no pertenecen a esta literatura conventual son de dos poetas an nimas: Clarinda y Amarilis. En El Parnaso Antártico de Diego Mex a de Fernangil, editado en Sevilla en 1608, aparece el poema titulado “Discurso en Loor de la Poes a”, atribuido a una dama que resid a en Lima llamada Clarinda. Posteriormente, en 1621, en La Filomena, de Lope de Vega, figura la carta po tica “Epstola de Amarilis a Belardo” dirigida desde el Perú por “Amarilis”, seud nimo que hasta la fecha se desconoce a 27 Asunci n Lavrin – Rosalva Loreto. Monjas y beatas. La escritura femenina en la espiritualidad barroca novohispana. Siglos XVII y XVIII. M xico, 2002, p. 8. 28 Ella Dunbar Temple. “Curso de la literatura femenina a trav s del perodo colonial en el Perú”. Revista 3, Lima, 1939, p. 31.

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