Mujeres peruanas : el otro lado de la historia

Sara Beatriz Guardia 145 testigo que mi madre lo hac a as con ella, tanto por ser t a como por su edad y honestidad”35. Tambi n incide en la castidad de las viudas, obligada durante el primer a o, aunque por lo general no se volv an a casar, y las que ten an hijos no lo hac an nunca. “Por esta virtud eran muy favorecidas en sus leyes y ordenanzas, pues mandaban que se labrasen primero las tierras de las viudas que las del curaca y las del Inca”36. Es verdad – agrega Garcilaso – que los hombres tampoco quer an casarse con una viuda. Otro aspecto que destaca Garcilaso en sus Comentarios es la uni n conyugal, que no tuvo ninguna connotaci n religiosa. Se ala que el matrimonio era igual en todas las provincias sujetas al Inca, que ten a lugar cada a o o cada dos a os para las j venes entre 18 y 20 a os y los j venes a partir de los 24 a os. El ajuar y el servicio lo provean los parientes acudiendo cada uno con su pieza, y la casa era construida de manera colectiva. Eso es todo, dice Garcilaso, y si los historiadores espa oles a aden otras ceremonias es por simple desconocimiento: “Los Incas no tuvieron otra manera de casar sino las que se ha referido, y según aquello sala por todos los reinos su mandato para que cada gobernador en su distrito, juntamente con el curaca de la provincia, casase los mozos y mozas que hubiese para casar, y hab an de asistir los curacas a los casamientos o hacerlos ellos mismos como se ores y padres de la Patria”37. No era permitido el matrimonio entre j venes de distintas provincias ni pueblos para “no confundir los linajes y naciones mezclándose unos con otros”. Garcilaso advierte que no era posible trasgredir las normas impartidas por los Incas, en las que primaba el respeto a las mujeres38. Los ni os y ni as fueron criados de manera igual, sin distinci n si eran de la nobleza o del pueblo, con una educaci n exenta de regalos y de mimos. Apenas nacan los ba aban con agua fra y los envolvan en mantillas, y no les dejaban los brazos libres hasta los tres meses. Los tenan siempre en las cunas, un banquillo de cuatro patas siendo dos más peque as para 35 Ib dem, Tomo I. Libro Cuarto. Cap tulo VII. p. 184. 36 Ib dem, Tomo I. Libro Cuarto. Cap tulo VII. p. 184. 37 Ib dem, Tomo I. Libro Cuarto. Cap tulo VIII. pp. 185-186. 38 Ib dem, Tomo I. Libro Primero. Cap tulo XXI. p. 48.

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