Sara Beatriz Guardia 143 Garcilaso le dedica casi todo el Libro Cuarto, catorce captulos de un total de veinticuatro, a las V rgenes del Sol, a las tejedoras y a las mujeres en su condici n de madres. Al referirse a las mujeres escogidas dice que los Incas tuvieron “cosas grandes dignas de mucha consideraci n, y una dellas fue la profesi n de perpetua virginidad que las mujeres guardaban en muchas casas de recogimiento”28. Aclara que las casas no quedaban en el Templo del Sol y por lo tanto no eran sacerdotisas “que ayudaban a los sacerdotes en los sacrificios, como se alan los espa oles”. Se las llamaban “Casa de Escogidas, porque las escogan o por linaje, o por hermosura. Haban de ser vrgenes, y para seguridad de que lo eran las escogan de ocho a os abajo”29. Se refiere a ellas con respeto, y corrige “la interpretaci n superficial de los espa oles como matrona”, por “mujer que tiene cuidado de hacer oficio de madre”. Se trata de mujeres con quienes ni siquiera el Inca ten a el privilegio de conversar. “Solo la Coya, que es la reina y sus hijas, ten an licencia de entrar en la casa y hablar con las encerradas as mozas como viejas”30, concluye. Su principal actividad era hilar y tejer el vestido del Inca, de la Coya, y preparar las ofrendas rituales, “el pan llamado zancu para los sacrificios que ofrecan al Sol en las fiestas mayores que llamaban Raimiy Cittua. Hac an tambi n la bebida que el Inca y sus parientes aquellos d as festivos beb an, que en su lengua llaman aca” (…) Toda la vajilla de aquella casa, hasta las ollas, cántaros y tinajas, eran de plata y oro, como en la casa del Sol porque eran mujeres suyas y ellas lo merecan por su calidad. Haba asimismo un jard n con árboles y plantas, yerbas y flores, aves y animales, contrahechos de oro y plata, como los que hab a en el templo del Sol”31. Entre las escogidas el Inca poda elegir a “las más hermosas para llevárselas donde l estaba para concubinas”, lo que acentuaba la prohibici n de acercárseles. Garcilaso alude a una cr nica de Agustn de Zárate, que indica que una de las causas de la muerte violenta de Atahualpa, fue la mala traducci n que hizo Felipillo en amores con una escogida destinada al Inca, e interesado en su muerte. Enterado de esto Atahualpa, 28 Ib dem, Tomo I. Libro Cuarto. Cap tulo I. p. 175. 29 Ib dem, Tomo I. Libro Cuarto. Cap tulo I. pp. 175 - 176. 30 Ib dem, Tomo I. Libro Cuarto. Cap tulo I. p. 178. 31 Ib dem, Libro Cuarto. Cap tulo III. p. 179.
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