Mujeres peruanas. El otro lado de la historia 130 enumera: “una colecci n de tapices de Flandes, valorada en 100 ducados; una colecci n de imágenes, entre las que destacan una Asunci n de alabastro, un Cristo con la cruz, un hi o Jesús grande y una imagen de bulto de Nuestra Se ora; diecisiete cuadros flamencos con sus marcas de palo viejo; diecisiete tapices con motivos de boscaje y monter a; y otros objetos, no menos relevantes: joyas, candelabros de plata, vajilla de plata blanca, sedas y terciopelos bordados de oro, sillas de atauj a, arquetas con taracea y un criterio de nogal, grande y “viexo”30. La primera escala que hizo el barco fue en Gua ape, poblado ubicado en el Valle de Virú en la costa norte de Perú. Pas luego a Trujillo y a Paita. Es probable que durante estas escalas Francisca haya permanecido en el barco puesto que no era prudente que se conociera que la nieta del Inca Huayna Cápac viajaba exilada a Espa a. Tampoco los barcos pod an maniobrar fácilmente en playas sin puertos aparentes. Entonces los barcos tena por lo general 400 toneladas de arqueo para poder subir por el r o Guadalquivir remontando la barra de Sanlúcar de Barrameda, y según ordenanza de 1522, deb an navegar en grupo para darse mutua protecci n ante el acecho de piratas y corsarios en pos de las miles de toneladas de oro y plata que llevaban. Viaje largo y pleno de incomodidades, aunque Francisca tuvo un camarote acondicionado especialmente para ella. Algo singular si tenemos en cuenta que las condiciones de estos viajes eran de incomodidad por el reducido espacio destinado a los pasajeros. En un memorial enviado al capitán I igo Locoya se especifica: “Ninguna nave mercante debe llevar cámaras, sino las dos de popa alta y baja, en las cuales podran ir todas las mujeres que van en cada nave, irán mejor y más seguras del decir de las gentes”31. El 2 de mayo lleg el barco a Panamá, donde permaneci hasta el 9 de junio. Fue en esta ciudad donde Francisca Pizarro por primera vez pudo realizar gastos personales. Compr ropa, alimentos, y otorg limosnas, en clara demostraci n del inicio de una nueva vida en la que podr a disponer de su fortuna. Esto no hubiera podido ocurrir en Lima por el tutelaje, las presiones polticas, el clima de inestabilidad, y el peligro que siempre la 30 Luis Vázquez. “Inventario de los bienes de la Ilustre Mestiza Do a Francisca Pizarro”, Actas XXII Coloquios Hist ricos de Extremadura, Trujillo, 1996, pp. 467-479. 31 Mar a del Carmen Pareja Ortiz. Presencia de la mujer sevillana en Indias: vida cotidiana. Sevilla, 1994, p, 32.
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