Mujeres peruanas. El otro lado de la historia 118 privilegios. Muri en 1560 quizá envenenado despu s de ser bautizado con el nombre de Diego. Titu Cusi Yupanqui asumi la conducci n como Inca en Vilcabamba hasta el 24 de agosto de 1566, cuando capitul luego de las negociaciones que entabl con Lope Garca de Castro, Gobernador del Perú. En esas circunstancias, el padre Marcos Garca escribi un memorial titulado: “Instrucci n del Inka Titu Cusi Yupanqui para el licenciado Lope Garc a de Castro”, que constituye un documento importante para conocer ese perodo. Según, Porras Barrenechea, “hay algunos atisbos e impresiones directas del esp ritu indio frente a los espa oles o viracochas. As , cuando dice, para describir a los conquistadores, que eran hombres barbados que hablaban a solas con unos pa os blancos -para decir que lean-, que iban sobre animales que ten an los pies de plata y que eran due os de algunos illapas o truenos”80. Titu Cusi Yupanqui, refiere que cuando fue apresado su padre, Manco Inca, Juan Pizarro no s lo quera oro sino a su hermana, la Coya Cura Ocllo. A fin de no entregarla, Manco Inca le ofreci otras mujeres que no fueron aceptadas, hasta que present a Inguil, compa era de su hermana y mujer muy bella: “Mi padre como los vio que con tanta importunidad le ped an la Coya y que no se pod a evadir de ellos de otra suerte, mand sacar una india muy hermosa peinada y muy bien aderezada para dársela en lugar de la Coya que ellos ped an; y ellos como la vieron, desconociendo la Coya, dijeron que no les parec a a ellos que aquella era la Coya que les diese la Coya y que acabase de negocios; y mi padre, por tentarlos, hizo sacar otras más de veinte, casi de aquella suerte, unas buenas y otras mejores, y ninguna les contentaba. Ya que le pareci a mi padre que era tiempo, mando saliese una, las más principal mujer que en su casa tena, compa era de su hermana la Coya, la cual se le pareca casi en todo, en especial si se vest a como ella, la cual se llamaba Inguill, que quiere decir flor. Hernando Pizarro como era el que más la deseaba dijo a mi padre estas palabras “Se or Manco Inca: si ella es para m, d seme luego, porque ya no lo puedo sufrir” Y mi padre, como la ten a catequizada dijo. “Mucho de enhorabuena, hace lo que quisi rades” Y l as fue para ella a besarla y abrazar como si fuera su mujer leg tima 80 Raúl Porras Barrenechea. Los cronistas del Perú. Lima, 1986.
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx