Mujeres peruanas : el otro lado de la historia

Mujeres peruanas. El otro lado de la historia 112 La conversi n de los infieles La religi n cat lica tuvo un rol protag nico en la conquista espa ola; no en vano ostent la Bula de 1493, según la cual la conversi n de los infieles era el objetivo principal de la empresa. Desde el inicio llegaron al Perú sacerdotes jesuitas, dominicos, mercedarios, y de otras rdenes religiosas que formaron parte del aparato de poder. Es decir, la confrontaci n entre ambas religiones aport un nuevo elemento de violencia en contra de los indios calificados de id latras. Durante 250 a os, el Tribunal del Santo Oficio (1570-1820) tuvo una decidida presencia en el Perú, cuyo fundamento radicaba en la potestad otorgada a la Iglesia Cat lica para investigar, perseguir y condenar los delitos que atentasen contra la fe cat lica. Tuvo dos etapas: la medieval, establecida a comienzos del siglo XIII, y la espa ola fundada en 1480 por concesi n del Papa Sixto IV a los Reyes Cat licos Fernando e Isabel. Las causas por las que la Inquisici n persigui , tortur y aplic pena de muerte fueron de variada ndole: dudar de la existencia de Adán y Eva, o de alguna verdad de la Biblia, jurar en vano, invocar al diablo, blasfemar, creer en supersticiones, hacer hechicer as, leer libros prohibidos, o simplemente tener una opini n contraria al dogma cat lico. El Santo Tribunal emple diversas torturas con el objetivo de “ablandar” a los herejes, tal como describe el sacerdote Santos Garc a: “De ordinario se empezaba por la tortura del cordel. Para ello se colocaba al reo sobre un banco o mesa, llamada tambi n escalera, se le sujetaba bien a ella y se daba una vuelta al cordel sobre los brazos desnudos del reo, comenzando desde la mu eca. Durante estas operaciones y al empezar la tortura, el Inquisidor exhortaba al reo que por amor a Dios y a su Santsima Madre dijera la verdad. Si no quera mandaba el Inquisidor que se apretase el cordel. El dolor producido deba ser muy intenso a juzgar por los ayes que daba el paciente. Luego se le volva a exhortar a que dijera la verdad, y se daba otra vuelta al cordel. As se continuaba dando vueltas, primero en una brazo, luego en el otro. Cuando este tormento sal a infructuoso, pasaba a otro, al del potro”60. 60 Santos Garc a S. J. La Inquisición en el Perú. Lima, 1973, pp. 79-80.

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