Sara Beatriz Guardia 111 Data de este per odo la carta que escribi Isabel de Guevara, en Asunci n el 2 de julio de 1556, dirigida “A la muy alta y muy poderosa se ora la Princesa Do a Juana, Gobernadora de los Reinos de Espa a”, en la que cuenta que lleg a Ro de la Playa con la expedici n dirigida por Pedro de Mendoza 1536, conjuntamente con otras mujeres; y que la falta de alimento fue tan grande que al cabo de tres meses haban muerto mil personas. Frente a eso, escribe, “vinieron los hombres en tanta flaqueza que todos los trabajos cargaban de las pobres mujeres, así en lavarles las ropas como en curarles, hacerles de comer lo poco que tenían, a limpiarlos, hacer centinela, rondar los fuegos, armar las ballestas cuando algunas veces los indios les ven an a dar guerra”57 Desde el inicio de la colonizaci n la Corona espa ola propici que las mujeres de los colonizadores viajaran al Nuevo Mundo58, y por tal motivo se promulgaron leyes y disposiciones. Pero la Corona fracas en su intento de impulsar los reagrupamientos familiares, otorgando indios y tierras a los casados y amenazándolos con quitárselos si no se reun an con su mujer, o fijando fianzas de 2,000 pesos de oro a los casados que ven an solos. Es decir, la conquista y colonizaci n repercutieron en la sociedad espa ola al originar una dislocaci n familiar, pues un número considerable de mujeres se vieron obligadas a convertirse en jefes de familia, algo inusual en la Espa a de la poca59. As mismo, los conquistadores espa oles intentaron implantar el matrimonio religioso y civil entre los ind genas. Aunque los estudios de patrones matrimoniales son escasos durante ese per odo, en los libros notariales de fines de la d cada de 1590, se advierte que la uni n más común en el pueblo fue el concubinato entre los indios, y entre indios y espa oles. El matrimonio sirvi para que los conquistadores utilizaran estas uniones para consolidar y afirmar su hegemona en la sociedad; por ejemplo, se casaron con cada una de las hijas de Huayna Capac, el Inca que muri antes de la conquista. Las mujeres nobles se casaron voluntariamente, y tambi n por imposici n. 57 Cartas de Indias. Madrid, Imprenta de Manuel G. Hernández, 1877. 58 Blanca L pez de Mariscal. La figura femenina en los narradores testigos de la conquista. M - xico, 1997. 59 Ib dem, p. 34.
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