el día siguiente sin consultarle al jefe del Estado, alegando que este se hallaba ese día en conferencias urgentes de mucha importancia y que no podía recibir sino a las personas que estuvieran citadas con anterioridad. La comisión se dirigió entonces a la Gerencia de La Prensa y solicitó hablar con Forero. Tras informarle lo que ocurría, le pidieron que se comunique personalmente con el jefe del gobierno166. Forero se comunicó por teléfono con Leguía y le manifestó que deseaba tratarle un asunto muy urgente y que para evitar cualquier demora en las antesalas de Palacio le rogaba que diera orden de que se le citara al instante. Treinta minutos después el presidente estaba al tanto de todo e inmediatamente convocó a su despacho al presidente de la Cámara de Diputados, Foción Mariátegui. Después de esta conversación, Leguía le confirmaba al director de La Prensa: «Dígales usted a los empleados de comercio que el proyecto será ley hoy mismo», y luego agregó en tono confidencial: «Van a decir que soy un dictador y que me entrometo en los asuntos de otro poder autónomo, pero esta legislación es parte de nuestro programa de reformas y si los parlamentarios de mi propio partido no son fieles a sus promesas y a la “plataforma” que nos sirvió para ganar los votos del país, mi deber como jefe del partido revolucionario es obligarlos a que secunden la obra que justifica mi presencia aquí»167. Cuando la Cámara baja se reunió a las cinco de la tarde de ese día, el proyecto de ley sobre derechos de los empleados de comercio figuraba en el orden del día a la cabeza entre los asuntos que debían tratarse, y de ese modo alcanzó a ser aprobado. Por la noche, grupos de empleados recorrían las calles aclamando a Leguía, el «ex empleado de comercio que no había olvidado al gremio de donde salió a la vida pública»168. El excepcional testimonio de Forero concluye con la narración que días después hiciera Leguía de las directivas que impartió a Foción Mariátegui y, a través suyo, a los miembros de su bancada, con el propósito de salvar el proyecto: Autoricé a Foción para que a los leguiístas de la Cámara les hiciera saber que el Partido Democrático Reformista necesitaba la ley del empleado hoy mismo y que el jefe del Partido consideraría como enemigos del régimen a todos los demócratas que de algún modo entorpecieran el paso del proyecto en la sesión de clausura. Como usted ve —agregó sonriendo— no deja de tener sus ventajas ser a la vez jefe del Estado y del Partido gobernante169. 71
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