lograban imponer determinados nombramientos. Este fue el caso de Manuel Felipe Umeres, nombrado primero como interino a fines de marzo de 1927, pero luego como vocal titular, mediante Resolución Legislativa Nº 6439 de 31 de diciembre de 1928. Juzgaría luego a Leguía en el Tribunal de la Sanción. La presión parlamentaria hizo posible también la designación del vocal cajamarquino Ezequiel Burga Larrea349. Otro caso interesante es el de Eleodoro Romero Salcedo, un jurista de nota de origen lambayecano, quien fuera decano del Colegio de Abogados y decano de la Facultad de Derecho en San Marcos, primo hermano del presidente, como también lo era Germán Leguía y Martínez, pero en este caso por el lado materno. Leguía hizo posible su nombramiento en la Corte Suprema el año 1921. Se trataba, sin duda, de un jurista competente, uno de los primeros historiadores del derecho del país. El gobierno luego lo envió a la embajada de la Santa Sede, por lo que no tuvo mayor participación en los brumosos tiempos de la dictadura. En Europa le alcanzó la jubilación. Podría decirse de él que era un magistrado con licencia permanente. Compuso en virtud a sus influencias sociales, políticas y económicas uno de los estudios de abogados más importantes de la época, que dirigieron sus hijos: el civilista, experto en derechos reales, Eleodoro Romero Romaña350; y el hombre de negocios y también letrado, Eulogio Romero Romaña. Otro jurista brillante en la Corte Suprema fue Ángel Gustavo Cornejo, tratadista de derecho civil y de derecho penal, como se estilaba en ese tiempo. Fue nombrado vocal de la Corte Suprema el año 1926. Catedrático en San Marcos, expulsado por Sánchez Cerro y sometido al Tribunal de Sanción Nacional. Como desagravio fue elegido decano del Colegio de Abogados de Lima el año 1934351. Figura en el Diario de los Debates del Congreso Nacional, «uno de los más eficientes cooperadores en la obra constructiva del señor Leguía»352. Reaño insiste: «El portafolio de Justicia e Instrucción tuvo en el doctor Cornejo, uno de los mejores orientadores al progreso educacionista del país y a la más sabia administración judicial»353. Una divertida alusión al magistrado y, en particular, a un prominente rasgo físico de su rostro, figura en un aviso comercial de época: «¿Quiere Ud. que su semblante muestre la fortaleza de su carácter? ¡Mascad Chiclets!»354. Un nombramiento casi al final fue el de José Matías León, que también antes fue decano del Colegio de Abogados. Se trataba de un abogado de 147
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