Ley y justicia en el Oncenio de Leguía

presidente de la Corte Suprema, Adolfo Villagarcía; y del doctor José Valega en representación del Colegio de Abogados, entre otros muchos. 3.21. LOS JUECES DEL ONCENIO: UNA RADIOGRAFÍA POLÍTICA El primer nombramiento de Leguía para la Corte Suprema de Justicia fue Mariano Nicolás Valcárcel, arequipeño de nacimiento, discípulo de Francisco García Calderón Landa y político veterano. Había sido uno de los artífices de la Ley de Hábeas Corpus, por cuya promulgación luchó a brazo partido. Fue decano del Colegio de Abogados y presidente de la Asamblea Constituyente que elaboró la Constitución de 1920. Del Parlamento pasó inmediatamente a la Corte Suprema. Falleció poco después de su nombramiento. Alejandrino Maguiña, otro de los vocales supremos nombrados por Leguía, era un allegado suyo. Hizo carrera como juez de primera instancia de Huaraz y fue diputado por dicha provincia entre 1897 y 1902. Ejerció como prefecto de Apurímac en 1904. Laboró también como director general de Justicia. Antes de su nombramiento por el Congreso a través de la Resolución Legislativa 4468, de 19 de enero de 1922, fue vocal de la Corte Superior de Lima y profesor de Filosofía en la Facultad de Letras en San Marcos desde 1911346. A comienzos del siglo veinte dirigió una comisión oficial que debía investigar un alzamiento indígena en Puno y la terrible reacción de los terratenientes347. La confianza con el presidente se deduce fácilmente por su rápida designación para el tribunal de justicia de mayor jerarquía, pero también porque fue convocado por el gobierno, hacia el año 1924, como presidente del Consejo de Ministros. En 1926 fue designado ministro de Justicia. Era, pues, un leguiista notorio, pero no beligerante ni recalcitrante. Garret, en su brillante estudio sobre el Oncenio y la clase media, recoge información oficial de las autoridades norteamericanas acreditadas en Lima que describen a Maguiña como un abogado indígena del estrecho círculo del poder con una irresistible tendencia por hacer dinero del servicio público. Debió renunciar rápidamente al Ministerio de Justicia al hallarse bajo fuego al ser acusado por malversación de fondos del Estado348. También hubieron nombramientos de jueces apuntalados o sugeridos por las representaciones parlamentarias, senadores o diputados de determinada circunscripción, dotados de una influencia quizá mayor que aquella de la que están investidos hoy los congresistas. A través de sus gestiones 146

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