Ley y justicia en el Oncenio de Leguía

ultrajes y amenaza de muerte si no recibe pública satisfacción. Y esta carta fue llevada por el hijo del vate a la casa de Elmore, donde no se encontraba, pero fue entregada a su esposa. A las cinco de la tarde José Santos Chocano se dirigió a la imprenta del diario El Comercio. Deseaba entregar un artículo del periodista español Carlos Bosque sobre un estudio de la Lima virreinal para su publicación. Fue entonces cuando se cruzó con Elmore. Se armó una batahola de trompadas. Elmore, al ver que Chocano se abalanzaba sobre él golpeándolo en el rostro, a la vez que le sujetaba la americana, alcanzó a propinarle un severo gancho en la boca del estómago que le privaría momentáneamente de la respiración y le hizo soltar el bastón. Desenfundó entonces Chocano, iracundo, un revólver Colt calibre treinta y dos de seis tiros, cargado esta vez con cinco municiones, disparó a Elmore y lo hirió de muerte. El propio poeta describió la trágica escena: Todo acto humano obedece a una causa, a una finalidad y a un procedimiento racional y lógico. Rechazo […] la agresión en la misma forma que la recibía, pero noto que estaba incapacitado, porque fui cogido de la solapa y del cuello, materialmente arrastrado. Mientras pude defenderme con los puños y el bastón lo hice, pero por efecto del golpe en el vacío derecho del estómago, perdí el bastón, comprendí que estaba a merced absoluta de mi agresor; además, al ver la actitud de Elmore, llevándose la mano atrás, como para sacar un arma, continuando la agresión, con un serio peligro para mi salud y para mi vida, porque el golpe en el estómago lo recibí en región a órgano afectado; además un golpe en la sien es suficiente para acabar con la vida de una persona y la posibilidad de ser arrojado al suelo podría ocasionarme una conmoción cerebral320. «¿Para qué saqué el revólver?», se pregunta a sí mismo el acusado Chocano. «Un revólver se extrae para disparar o para intimidar. Quiero seguir el proceso de ambas conjeturas. Si hubiera querido matarlo, habría dirigido el arma a la cara, al pecho o donde hubiera deseado. Pero la dirección del tiro demuestra que no tuve intención de matarlo». En cuanto a la segunda hipótesis o sea a la de la intimación, si disparé quiero decir que el disparo lo hice contra mi voluntad […] o disparé inmediatamente, o disparé a distancia, si lo segundo, no se explica qué motivo hubo para que no avanzase sobre Elmore […] se deduce de la información de que [sic] no tuve ninguna manera el propósito de matar a mi contendor321. Una vez que el atacante Elmore vio el arma que empuñaba su contrincante, retrocedió. En ese momento recibió el disparo en el abdomen. Herido y cogiéndose el vientre, se dirigió por sí solo a la puerta 135

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx