Ley y justicia en el Oncenio de Leguía

En cualquier parte del mundo habría con todo esto razones suficientes para repudiar una elección tan descaradamente injusta; pero entre nosotros no sucederá esto y el doctor Leguía y Martínez pasará de la Cancillería, en que nada bueno hizo, a la Vocalía, en que nada bueno hará probablemente, con la misma facilidad con que se cambia de caballos en la posta277. En diciembre de 1919 el presidente Leguía convoca a su primo Germán, quien ejercía entonces como vocal supremo, para nombrarlo, esta vez, presidente del Consejo de Ministros y ministro de Gobierno y Policía. La oportunidad había llegado. Era frecuente, sin embargo, que los jueces ocupasen entonces cargos políticos, lo que constituía un grave error que debió enmendar la Constitución de 1933. Germán Leguía y Martínez se opuso, hacia el año 1923, a la primera reelección presidencial de su primo Augusto B. Leguía278. Al parecer tenía la esperanza de ser candidato presidencial. Cavó su desgracia. Terminó exactamente igual que los individuos que persiguió: deportado. El jurisconsulto fue acusado nada menos que de preparar una «conspiración civilista». Capturado tras un corto tiroteo el 15 de noviembre de 1923, fue detenido en San Lorenzo (al lado de muchos que había aprisionado)279. El nombre del vapor que lo trasportaba en su destierro, el Redames, que evocaba el nombre del autor de su destierro, el ministro de Gobierno, Rada y Gamio, confería al ostracismo un tinte de comedia. Por añadidura, a su salida de la Presidencia del Consejo de Ministros y del Ministerio de Gobierno y Policía, Germán Leguía y Martínez fue repuesto por su primo Augusto en su cargo de vocal supremo, y se le detuvo y deportó, por tanto, en condición de tal280. Era como si Leguía quisiera hacer escarnio, a través de su pariente y antiguo colaborador, del Poder Judicial. Regresó al cabo de unos años, en virtud a una dispensa por enfermedad librada por su primo el presidente. Falleció en su casa de Magdalena del Mar y el jefe de Estado asistió a los funerales281. Si en un momento Leguía y Martínez, durante su juventud radical, fue un convencido de la atribución de responsabilidad al mandatario supremo que viole las garantías individuales y partidario de la inviolabilidad de la libertad de conciencia, de imprenta, de sufragio, de reunión y de asociación; en el ejercicio de la cartera ministerial fue enorme el número de infracciones constitucionales que cometiera «El Tigre» (apelativo que copiaba al del político francés Georges Clemenceau): desacato de las sentencias judiciales, el recorte de las garantías individuales, la omisión 116

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