Ley y justicia en el Oncenio de Leguía

Creí que seríamos enjuiciados, como corresponde en estos casos, si fuera cierto aquello de existir alguna acusación o siquiera sospecha delictuosa contra mí, sobre todo estando al frente de la cartera de Gobierno un funcionario que es presidente de la Corte Superior de Justicia de Lima, a quien hay que suponer versado en legislación peruana. Cuando pasaron dos días sin levantarse la incomunicación en que me encontraba y sin instaurarse el sumario del caso, pedía resueltamente que me enjuiciaran, que se me explicara siquiera el motivo de mi prisión. Todo inútil. A los tres días de esta situación se me hizo saber que el gobierno había resuelto arrancarme de mi país y desterrarme al extranjero. Mi esposa presentó un recurso de hábeas corpus para obtener mi libertad. Pero entonces se me hizo saber que si ese recurso no se retiraba esa misma noche sería yo embarcado por la fuerza y deportado del país; pero que si el recurso se detenía me concederían tres días para preparar mis asuntos personales desde el Panóptico, bajo la vigilancia de la autoridad y sin permitirme más relación que la del notario. Como creía que el gobierno lo que deseaba era tenerme en detención hasta que se instalara la próxima Asamblea Constituyente, propuse quedarme en el Panóptico, en prisión hasta el 25 del presente. Tampoco se admitió esta fórmula. Pedí entonces ser trasladado a la colonia penal del Frontón bajo la vigilancia de la autoridad. En fin, todo recurso desesperado para evitar ser arrojado del país en forma inaudita fue inútil. Y el día de ayer en la madrugada, sin que nadie me dijera ni por qué, ni de orden de quién, se ha comunicado este vergonzoso caso de expatriación de un grupo de ciudadanos honorables, sin acusación, sin juicio previo, sin delito y sin sentencia258. Otro de los detenidos, Antonio Miró Quesada, director del diario El Comercio, fue notificado de prisión por el comisario del cuartel tercero alrededor de las cinco de la tarde, mientras se dirigía al cinematógrafo, como se llamaba entonces al cine. Por su parte, Carlos Heeren fue capturado en la puerta de su domicilio, «en momentos en que salía a la calle», en tanto que Miguel Echenique, delicado de salud en ese momento, era intervenido por la policía mientras se disponía a acudir al médico. Se informó también que Carlos Concha fue apresado en la calle de la Rifa, «mientras transitaba tranquilamente», y que Germán Arenas «fue hecho preso en su estudio». En la tarde de 9 de setiembre de 1919 se produjo asimismo un asalto a la residencia del excandidato civilista, Ántero Aspíllaga. Otra importante figura, Luis Pardo y Barreda, «fue reducido a prisión en la calle»259. Este último declararía: A mí me tomaron al salir de mi oficina el martes pasado, a las 7 de la noche. Pude evadir la prisión. Mi esposa me avisó que un oficial había ido a buscarme. Como 110

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