Las ruinas de Moche

de adversarios poderosos373. El animal solo está personificado en sus actitudes naturales de buscar alimentos en el fondo del mar o de defenderse de ataques. De un modo correspondiente hay que partir de las personificaciones mitológicas de categorías de animales cuando se trata de aquellos de especies más desarrolladas que interactúan con el hombre en un nivel espiritual más complejo. La lechuza (No.228), el murciélago (lám. 13, fig. 2) y otras aves como el colibrí (No.3094), vestidos y armados como humanos, en primer nivel no deben significar más que personificaciones mitológicas de estas categorías de animales en el sentido del culto de huaca. Cuando llevan cabezas humanas como trofeos en sus manos probablemente enfatizan su efecto poderoso y dañino sobre el hombre tanto en forma física como espiritual. La personificación, por tanto, no depende de la apariencia animal completa. Cuando tiene alas puede estar representado también sin alas, en forma humana pero flotando en el aire o aun completamente humana en posición erguida, pero con la cabeza del animal 374 . En casos más complicados puede tratarse de lo opuesto en el sentido de la combinación del cuerpo de un animal con una cabeza humana como sucede con el ciempiés375. En otros casos la forma animal está complemente omitida en la figura de una divinidad y solo está indicada en la decoración de la corona como en el caso de la lechuza en la lám. 15, fig. 8; el pulpo, en lám. 9 y arriba, fig. 115. El elemento de la decoración de la corona, en este caso, expresa la relación directa de la divinidad con el animal vivo. No podemos definir el límite entre la veneración de animales en el sentido de huaca y divinidades verdaderas en forma de animales. La transición, sin embargo, existe y el panteón de este pueblo puede haber incluido varias divinidades (como lechuza, murciélago, etcétera). Este problema se desarrollará solo en un ejemplo, el murciélago. Sin duda, el murciélago ha ocupado un papel predominante en la mitología de este pueblo en comparación con otros animales. El «god of the air» de Squier (Peru, p. 188) provisto de una cabeza de mamífero, un gancho en la nariz y alas, aparentemente no es otra cosa que el murciélago 324

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