Perú. Aquellos se consideraban al igual que los limeños, cusqueños o cajabambinos, herederos legítimos de la República156. El despliegue nacional que la campaña exhibió, desde los primeros meses de actividad, obligó a que Sociedad Independencia Electoral contará con coordinadores políticos importantes en diferentes puntos neurálgicos del país. Activistas de alto nivel como Manuel Costas, en Puno; José María Aza, en Junín; Calixto Garmendia, en Cusco; José Boza, en Ica; Manuel Hurtado, en Chachapoyas; Bernabé Altuna, en Trujillo y Cajamarca; Manuel Rivarola, en Arequipa; Carlos Zapata, en Tacna, entre otros, fueron encargados de las labores de organización, propaganda y proselitismo en los departamentos y provincias bajo su control. El congresista y lanero puneño Manuel Costas, por ejemplo, posibilitó, a través de sus viajes de propaganda a lo largo de las provincias surandinas, no solo el establecimiento de relaciones importantes con autoridades políticas de la zona, como senadores, diputados y prefectos, sino el contacto en las ferias regionales de Vilques y Azángaro con el mundo político y comercial serrano. Por otro lado, los agentes intermedios, repartidos en casi todos los puntos del territorio nacional, permitieron la circulación fluida de dinero, información periodística y cartas, que el candidato y los miembros de la dirigencia partidaria enviaron regularmente desde Lima. La distribución de los activistas en zonas estratégicas del territorio nacional estuvo en estrecha relación con las redes políticas, que se tejieron desde Lima y provincias (Mc Evoy, 1994b). El «fervor de las provincias», en favor de la causa civil, era subrayado por la proclama de la Sociedad Independencia Electoral, publicada en El Comercio y difundida a lo largo del país. En aquella, la Junta Directiva del partido hacía evidente cómo el Perú, que había sufrido grandes desventuras, quería ponerles término, derivando su «regeneración» de «las fuerzas mismas de la sociedad» representadas en «la incuestionable voluntad de la mayoría de la nación». Por otro lado, agregaban que la convocatoria limeña había tenido una respuesta positiva «en cada departamento, en cada provincia, en cada ciudad y pueblo». Las pruebas contundentes de esta sorpresiva «fusión» nacional, puestas de manifiesto en la proclama, eran por un lado la gran cantidad de actas de adhesión que habían llegado a Lima, desde la mayoría de departamentos del país; y por el otro, el gran apoyo prestado, en muchos de ellos, por la prensa independiente. Esta estaba «representada no por publicaciones eventuales o de circunstancias políticas, sino por periódicos establecidos y de notoria 98
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