La utopía republicana

profesionales y familiares146. La organización electoral resultaba siendo, en consecuencia, la suma de las pequeñas esferas o clubes, en los cuales cada individuo aportaba su cuota de amigos e influencias147. La unidad básica de la organización era la decena, la cual tenía un nombre, un jefe y una legitimidad acreditada a través de la emisión de un documento oficial148. A su vez, estas decenas formaban las secciones, que usualmente constaban de cinco a diez decenas y tenían relación con la organización parroquial tradicional. Lima, por ejemplo, estaba organizada en 200 secciones las cuales, en vísperas de las elecciones, estaban divididas en las cinco parroquias: San Marcelo, San Sebastián, San Lázaro, Santa Ana y el Sagrario149. La consigna política organizativa de asociación y unión estrecha fue trasmitida a lo largo de todo el país. Es así como desde Pataz, el dirigente Eulogio Salas reafirmaba dicha consigna cuando señalaba: «es necesario que lejos de relajarse se estrechen más todavía los vínculos, que unen a todos los que nos hemos afiliado a un partido, que encierra y representa todos los intereses justos del país....mantenerlos unidos es asegurarles el triunfo definitivo»150. La intensa labor de proselitismo e integración, realizada a lo largo de las principales provincias y departamentos peruanos, determinó que en un breve período la Sociedad Independencia Electoral se convirtiera en un formidable mecanismo político, capaz de extender su accionar a toda la república. Aquel tenía en su más alto círculo a la Junta Central Directiva y esta, a través de las juntas departamentales, provinciales, distritales, de sección y de parroquia, transmitía sus órdenes y circulares hasta el electorado de la más lejana provincia. La organización a nivel provincial estaba a cargo de las Juntas Departamentales, siendo las más importantes las de Lima (Junta Central), Arequipa, Cusco, Piura, Amazonas, Cajamarca, Áncash, Huánuco, Junín, Huancavelica, Ica, Ayacucho y Moquegua151. Paulino Fuentes Castro, periodista e importante activista limeño, aludía a que era tan grande el número de afiliados, que, a imitación de las legiones de la República Romana, se «les dio la clásica organización en decurias y centurias que consultaban unidad, orden e íntimo contacto entre las diferentes clases sociales» (Fuentes Castro, 1921). De los comentarios anteriores podemos deducir cómo, mediante un criterio innovador, los antiguos clubes inconexos, sin perder su identidad propia, fueron articulados en cuerpos intermedios barriales (decenas y secciones), intermedios locales (Juntas Distritales, Provinciales y Departamentales) y 96

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