La utopía republicana

de ningún candidato»142. El alejamiento de los «decentes» del escenario público había determinado una cierta autonomía de las «maquinarias políticas», en relación con los grupos económicos e intelectuales urbanos143. Si bien es cierto que muchos de los miembros de las élites, incluyendo a Pardo, tuvieron acceso al poder mediante puestos en la administración pública, el Ejecutivo y el Parlamento eran controlados por hombres capaces de utilizar a las maquinarias en su propio beneficio. Por otro lado, las experiencias políticas de los modernos «validos», como José Simeón Tejeda, José Miguel Medina, Manuel Costas, Enrique Elmore, entre otros, habían resultado siendo, en la mayoría de casos, muy frustrantes144. La convocatoria de la Sociedad Independencia Electoral «a todos los hombres que no viven en la política ni de la política» pretendió establecer nuevas reglas de juego, revertir el desbalance y devolver el poder a lo que ellos consideraban sus legítimos dueños. En palabras del candidato, la tarea fundamental fue «reestablecer la República sobre su verdadero eje de gravedad». La sustitución de las «plebes asalariadas» por los «honorables ciudadanos» fue una de las mayores obsesiones de la dirigencia partidaria145. Para lograr la meta establecida fue necesario armar una maquinaria política legítima, constituida por ciudadanos, capaces de disputar el poder con las fuerzas establecidas. Dentro del contexto anterior, y con la finalidad de mantener a la organización en movimiento, una nueva agrupación electoral debió ser formada en cada distrito, provincia y departamento del país. Para ganar el poder se debió apelar a un tremendo aparato de asociaciones a nivel nacional. Sin embargo, la idea no era original; en 1863, el periodista José María Samper, desde la Revista Americana, había sugerido a los liberales peruanos, liderados por José Gálvez, apelar a criterios organizativos novedosos. Su consejo específico era no solo propiciar una prédica política intensa a lo largo de todo el país, sino fomentar una organización nacional con soporte en núcleos departamentales y provinciales o en «ateneos populares» como el hábil liberal colombiano los designó (Basadre, 1929b, p. 52). El sistema de núcleos políticos nacionales que la Sociedad Independencia Electoral implementó, probablemente siguiendo los consejos desoídos por los liberales, constaba de pequeñas células o «esferas» conformadas por grupos de amigos afines entre ellos y con el candidato Manuel Pardo. Los criterios de afinidad eran geográficos, 95

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