La utopía republicana

dependencia en los poco confiables caudillos militares. Es por lo anterior que resultó tan importante el rol de José Simeón Tejeda como articulador político y figura legitimizadora. El exconvencionalista Tejeda, a diferencia de Pardo, había tomado parte activa en la revolución de 1854, que derrocó al general Echenique y que decreto la abolición de la esclavitud y el tributo indígena. Hombre conocedor de los vericuetos del poder y de las frustraciones permanentes de los civiles, Tejeda fue el cerebro político de la campaña. Es por ello que no resultó casual su posterior elección, en 1872, a la presidencia de la Cámara de Diputados y luego a la Comisión Permanente del Congreso (Echegaray, 1965, p. 251)138. La actividad política congresal, no fue, sin embargo, la única que se ejerció. El trabajo con las asociaciones y en la esfera pública y de las comunicaciones fue igualmente arduo. El mayor logro de la dirigencia de la Sociedad Independencia Electoral fue, además de darles mayor organización, realce y consistencia a aquellos desprestigiados ámbitos del accionar político, convocar a los ciudadanos para que los ocupasen. Como consecuencia del proceso anterior, los clubes políticos fueron reorganizados y adquirieron un aire de respetabilidad en la medida que los nuevos grupos convocados respondieron e iniciaron una activa participación en ellos. Los clubes de universitarios y artesanos, por ejemplo, se convirtieron en prestigiosos y poderosos baluartes del partido en Lima y en provincias139. Aquellos últimos, veteranos de antiguos combates sociales, fueron una fuerza política importante que la Sociedad Independencia Electoral logró atraer. Así, el rol simbólico proyectado por los artesanos, debido a su asociación al trabajo y a la producción —punto que desarrollaremos más adelante— fue utilizado exitosamente durante la campaña electoral. El club político, convocado por lo general solo en tiempos de actividad eleccionaria, existía en el país por varias décadas como ámbito aislado e inconexo. Su finalidad fundamental era ofrecer un lugar de convergencia y acuerdo entre las dirigencias y las imprescindibles fuerzas populares y de choque, necesarias en los primeros niveles de toda campaña. Sin embargo, a pesar de que dicho organismo era el elemento clave para la organización de la campaña y la conquista del voto, poseía una mala reputación entre el grueso de la población urbana. Para algunos, como el periodista Manuel Atanasio Fuentes, por ejemplo, el club era un «meditado sistema» para convertir al pueblo en «instrumento» de las candidaturas; y la política, «un oficio de negros». Para otros como Fernando Solimán Barbarroja, 93

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