La utopía republicana

confraternidad», sino que permitía entender la razón de las constantes movilizaciones populares que desde Piedra Liza hasta Acho, pasando por La Aurora y la Quinta de Ribera arremetían contra la habitual molicie limeña133. La disputa contra una maquinaria política establecida, que había venido regenerándose durante casi tres décadas a lo largo de todo el país, no podía ser llevada a cabo, obviamente, por Manuel Pardo y el puñado de notables que se reunieron en casa de José Antonio García y García para proclamarlo. El presidente José Balta, responsable de la convocatoria a las elecciones de 1872, era el heredero político de Ramón Castilla. Por ello, tenía a su disposición las maquinarias provincianas que el castillismo había implementado durante sus casi treinta años de influencia en la vida política peruana. La inmensa tarea de la Sociedad Independencia Electoral fue atacar y derrotar a los núcleos de poder castillistas. Para lograrlo fue imprescindible una intensa movilización y una activa participación de un grupo numeroso de peruanos. El ejercicio de la ciudadanía debió ser, en consecuencia, una práctica necesaria e indispensable, y no solo un estatus. En tal contexto, la única manera de involucrarse en el nuevo movimiento fue mediante la participación política activa. Las consignas fundamentales de la campaña —organización y participación— así lo demandaban134. El republicanismo-cívico enarbolado por la Sociedad Independencia Electoral reconocía también que los individuos sin apoyo no podían participar en la práctica política y que necesitaban oportunidades, motivación y un escenario donde pudieran ejercer sus nuevas facultades. Durante la campaña presidencial de 1871, la Sociedad Independencia Electoral logró, a través de un sofisticado sistema de organización y propaganda, no solo proveer de las condiciones requeridas para la aparición del tan ansiado ciudadano, sino posibilitar la articulación política del país. La inmensidad de la tarea electoral determinó que el medio urbano, portador de un nuevo discurso político, irrumpiera en los departamentos, en la ciudades de provincias, en las villas y en los mercados regionales135. El elusivo ciudadano fue requerido, en consecuencia, no solo en Lima sino a lo largo de todo el Perú. LA CONSTRUCCIÓN DE LAS REDES POLÍTICAS NACIONALES Los persistentes fracasos políticos de los civiles a lo largo de varias décadas habían dejado tres lecciones importantes a tomar en consideración. La primera era que las meras discusiones ideológicas no 90

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