Revolución de la Independencia, pero desligado de toda evolución histórica, que hubiera colaborado a que los ideales republicanos no se hubieran cristalizado. La alusión directa al castillismo no podía ser más clara117. Lo anterior determinó a que la Sociedad Independencia Electoral se presentase ante la opinión pública como un movimiento fundacional que tenía por finalidad llevar a cabo la «empresa gloriosa» de «romper con la lúgubre tradición de medio siglo de desconcierto, en que no siempre ha sido la ley una égida bienhechora del derecho ni la República una venturosa realidad» (Proclama de Sociedad Independencia Electoral, 1871). En el discurso de aceptación a su nominación —propuesta por el comandante de la Marina Lizardo Montero—, Manuel Pardo señalaba a los 114 «connotados ciudadanos», congregados en la casa del abogado José Antonio García y García, que estos habían abierto «una nueva era con solo sacudir el desaliento inveterado y convertir el aislamiento, que esteriliza las fuerzas en la unión que las multiplica»118. El joven candidato estaba convencido de estar inaugurando tiempos históricos nuevos. De lo revolucionario de su accionar político daba cuenta cuando afirmaba: Que nosotros hacemos una revolución ¿quién lo ha dudado? Pero esa revolución no ha ido a tramarse por cierto en los cuerpos de guardia de los cuarteles, sino que se viene realizando en los corazones y en las ideas de los pueblos: esa revolución no tiene por objeto el cambio de un hombre, ni por medios la fuerza material de algunos grupos de hombres: esa revolución tiene por objeto la realización de la República, por medios la ley, por fuerzas la voluntad de los pueblos119. Era obvio que una tarea política de tal magnitud requería un amplio contingente humano, capaz de llevarla a cabo. Si bien la labor ideológica de apropiación del libreto republicano se había realizado, sin mayores dificultades ni disputas, su escenificación precisaba de muchos actores. Los «connotados ciudadanos» —veteranos algunos en las antiguas revoluciones liberales de 1854 y 1865 y de la fracasada experiencia convencionalista, 1855-1858— probablemente desempeñarían los papeles protagónicos; sin embargo, aquella obra monumental, y con pretensiones de ser presentada en un escenario nacional, no podía realizarse solo con un puñado de notables bien intencionados. La gesta republicana necesitaba, para ser reestrenada exitosamente, de ciudadanos dispuestos a desempeñar un papel a la altura de los tiempos. LA CONVOCATORIA A LOS NUEVOS ACTORES: BUSCANDO AL CIUDADANO 86
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