La resurrección del ideal de la República resultaba un argumento ideológico importante, debido a que aquel tenía una tradición y un sólido prestigio entre las organizaciones de intelectuales y de artesanos de Lima y del interior del país. Cabe señalar, asimismo, que el prestigio republicano exhibió dimensiones internacionales. En 1853, surgió en Nueva Granada la «Escuela Republicana» que declaró la abolición de la esclavitud y el cadalso y emitió el código más liberal del mundo americano y «quizás del mundo entero»111. Lo novedoso de la joven agrupación política no fue, en consecuencia, crear un ideal republicano que ya existía por muchos años, sino recrearlo y concretarlo en la realidad. A partir de 1871 el debate giró alrededor de los mecanismos políticos que debían ponerse en funcionamiento para echar a andar a la República. Manuel Pardo —secretario de Hacienda en 1865 del fallido gobierno reformista del General Mariano Ignacio Prado, presidente de la Beneficencia Pública en 1868, alcalde de Lima en 1869, exitoso empresario y candidato presidencial de la Sociedad Independencia Electoral112— lo hacía evidente cuando afirmaba que «la República Práctica» tenía por finalidad «convertir en realidad las promesas de medio siglo, las palabras en hechos y las teorías en instituciones verdaderas». La tarea política consistía, en consecuencia, en concretar lo que los «eternos» debates entre Liberales y Conservadores habían propuesto durante varias décadas. Algunos años antes de su nominación, al evaluar la actuación de dichos grupos políticos, Pardo había señalado cómo a los primeros les había faltado «el ciudadano justo e independiente, fundamento de la República», mientras que los segundos no contaron con «el cerebro napoleónico, condición indispensable para el ejercicio del poder absoluto». Las carencias de ambas agrupaciones habían determinado el triunfo de «la soldadesca» militar113. Sin embargo, más allá de las frases líricas que podían sonar convincentes o no, era necesario, con la finalidad de obtener la legitimidad y el aval político necesario, desplegar públicamente un entroncamiento real con la tradición republicana auroral. El nexo entre la generación de la Independencia y aquella que luchaba por la «sagrada libertad», encarnada en los miembros de la Sociedad Independencia Electoral, debía tomar forma de una manera práctica y evidente. Es por ello que una de las reuniones más importantes, por su capacidad legitimizadora, fue la que se realizó el 10 de octubre de 1871 en el «Club Militar 2 de Mayo»114. En este, dirigido por el anciano general de división Manuel Martínez de 84
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