Este capítulo analizará cómo el proyecto de la Sociedad Independencia Electoral —antecedente y matriz del Partido Civil— nació con un ideario republicano de corte nacionalista, conscientemente construido. El novedoso frente político estaba constituido por una vanguardia socialmente heterogénea en la que convergían ricos propietarios — hacendados y comerciantes de Lima, Trujillo, Arequipa, Cuzco, Puno y de la sierra central—, intelectuales, profesionales medios, universitarios, periodistas, profesores, artesanos y pequeños agricultores109. El grupo anterior, germen incipiente de una temprana «clase media» urbana, fue reclutado a lo largo de todo el territorio nacional para fines de una campaña eleccionaria intensamente disputada, en la cual la Sociedad Independencia Electoral no solo logró crear una eficiente maquinaria política capaz de hacerle frente a la rival —apoyada por el baltismoecheniquismo—, sino que forjó una personalidad política colectiva que atrajo el interés de muchos simpatizantes limeños y provincianos. El derrumbe del modelo político castillista durante la conflictiva década de 1860 impulsó la creación de un proyecto político alternativo, que, además de rescatar, organizar y canalizar desarrollos políticos previos, empujó a ensayar las estrategias movilizadoras, utilizadas por los liberales en la temprana república (Walker, 1990, pp. 107-136). Como consecuencia de lo anterior, la ampliación de las bases del poder y la integración política nacional se convirtieron en el ideal fundamental de la campaña. LA HERENCIA REPUBLICANA Y SUS LEGÍTIMOS LEGATARIOS Desde su primera aparición en público, la Sociedad Independencia Electoral buscó ser heredera y portadora del viejo sueño republicano. Benigno Febres, conspicuo miembro y dirigente de la agrupación, se refería a sus copartidarios como «los que trabajan porque la igualdad no sea una utopía y la República una quimera»110. La utilización del eslogan de campaña —«República Práctica-República de la Verdad»— mostraba ante los potenciales seguidores que la finalidad de la organización era cristalizar, mediante una estrategia política concreta, la tan ansiada República; en pocas palabras, plasmar el antiguo ideal en una realidad tangible. Era obvio que para obtener una identidad propia era necesario presentar un rostro diferente y tomar distancia no solo de los estériles debates ideológicos del pasado, sino de las agotadas prácticas políticas del presente. Así pues, la mejor manera de hacerlo era presentándose como herederos directos y ejecutores de la tradición republicana seminal. 83
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