en los ideales republicanos de legalidad, trabajo y participación ciudadana, pretendió sustituir al patrimonialismo cohesionador de antaño. El análisis de la opción política civilista será el tema del siguiente capítulo. 52 Gregorio Rozas, Anta, noviembre de 1874, Archivo General de la Nación, Cartas a Manuel Pardo (en adelante AGN, CMP), D2: 38-2609. Germán del Castillo fue diputado suplente por Anta durante la Convención, 1855-1857, y Casimiro y Gregorio del Castillo, sus hijos, fueron diputados en el congreso durante el período 1869-1870. Para este punto ver Echegaray (1965, pp. 501 y 582). 53 El patrimonialismo al que nos referimos es, siguiendo el concepto weberiano, una forma de dominio tradicional. Este otorga beneficios, prebendas y recompensas como una remuneración a los servicios prestados. Como el gobierno, dentro de este sistema, se niega a atarse a la ley, su mandato toma la forma de una serie de directivas, cada una sujeta a un cambio imprevisto. Así, los problemas de adjudicación se convierten en problemas de administración burocrática. En consecuencia, los remedios legales no serán vistos como la aplicación de la ley sino como un regalo o un privilegio que es otorgado por el árbitro supremo, el que ejerce el poder. Para este punto ver Weber (1947, pp. 341-358, 373-381). 54 Para los intentos de institucionalización civilista ver Mc Evoy (1994a, cap. IV). En relación con la institucionalidad previa a la ensayada por el civilismo, Bonilla (1984, pp. 481-498) ha señalado cómo los años posteriores a la Independencia fueron de un ejercicio político «errático y circunscrito a la atención de intereses más privados que nacionales». Opinamos que lo anterior no es del todo correcto. Walker (1990) ha realizado un interesante análisis sobre la lógica de las alianzas del período republicano temprano. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos aislados, hasta el momento tenemos un conocimiento limitado sobre los modelos y mecanismos políticos ensayados luego de la Independencia. 55 El discurso castillista no era novedoso en la cultura política del país. Las tendencias de unión y reconciliación de la élite política peruana pueden rastrearse, en el tiempo, desde las tentativas ensayadas por José de San Martín y apoyadas por varios peruanos (entre ellos Hipólito Unanue) de llegar a un acuerdo con los españoles, hasta el simbólico abrazo de Maquinhuayo; pasando por las conversaciones de José de la RivaAgüero, primero, y del Marques de Torre Tagle, después, con el virrey La Serna. En su manifiesto del 6 de marzo de 1824, Torre Tagle evidenció enfáticamente la posición política, conciliadora y opuesta al conflicto de muchos de los miembros de la élite nativa: «Yo detesto un sistema que termina al bien general y que no concilia los intereses de todos los ciudadanos» (Basadre, 1983, I, p. 52). Los consejos del Dean Valdivia a Ramón Castilla, luego de su triunfo contra Vivanco, pueden ser ubicados, también, dentro de la tradición política conciliadora anteriormente aludida. Para este punto ver Valdivia (1874, pp. 287-289). 56 El estudio del «castillismo» resulta fundamental para entender la organización nacional que surgió luego del fracaso del modelo político gamarrista y de la caída del Directorio. Si bien existe ingente bibliografía general e importante material archivístico sobre el Mariscal no hay una obra de conjunto que presente la trascendencia del modelo 75
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