La utopía republicana

castillista», cimentado a través de una cada vez más inmanejable política de patronazgo, hizo evidentes sus hondas grietas y precarios cimientos. Para 1871, muchos de los núcleos de poder provinciano que se habían aliado a Balta comenzaron a tomar distancia de un poder central del cual eran cada vez más autónomos. La maquinaria política puneña de Miguel San Román, por ejemplo, que había jugado un papel importante en la caída del gobierno de la Dictadura, se alejó de sus compromisos con la administración baltista y se acercó a las fuerzas civilistas, comandadas por Manuel Pardo (Mc Evoy, 1994b)99. Burocracias civiles y militares — incrementadas trigonométricamente en cada guerra civil, a través del expedito sistema de la «Licencia Indefinida»—, e impagas por varios meses, conspiraban, buscaban otras alianzas o acrecentaban la cuota de extorsión a sus subordinados100. En el contexto de la crisis política anteriormente señalada, la presencia del Estado fue debilitándose irreversiblemente y, lo más preocupante, la soberanía nacional comenzó a peligrar. En noviembre de 1872, algunos meses después de la inauguración civilista, Juan Ibarra, autoridad política de Iquique, comunicaba al presidente que su ciudad «era casi una colonia chilena» ya que «por cada 100 chilenos» existían «10 peruanos»101. El derrumbe estrepitoso del modelo institucional castillista creó, además de delicados problemas geopolíticos, profundos problemas sociales. En alusión al cada vez más evidente desborde social que se vivía en todo el país, y al que muchos tipificaban como «la gangrena de la nación», un anónimo corresponsal de Pardo prevenía al gobierno sobre las posibilidades de que se repitieran en el país los dramáticos acontecimientos de la «Commune de Paris» o «Commune del Perú», como apocalípticamente señalaba. Lo anterior era debido, según el preocupado simpatizante trujillano, a la herencia de corrupción y desgobierno dejada por Balta102. La difícil e inmanejable situación de fragmentación política y social — punto de inflexión del modelo institucional castillista que Balta intentó sin éxito resucitar— se debió básicamente a la crisis, por ausencia de fondos, de la política de patronazgo estatal implementada a raíz del auge guanero. Ante la carencia del elemento cohesionador, dinero de la caja fiscal, el país se fue convirtiendo en un conglomerado de archipiélagos políticos aislados y sin mayor contacto con el Estado central. Si bien es cierto que este último nunca se caracterizó por su fortaleza, la desintegración política e insubordinación de las autoridades provincianas, manifestada en 1867 73

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx