La utopía republicana

de Senadores y Echenique de la de Diputados. Lo anterior permitió no solo la distribución del poder entre los antiguos enemigos, sino también que se retomara el esquema continuista y apaciguador del pasado. La mayoría de las administraciones militares de la década de 1860, salvo la de Prado, fueron tributarias y aliadas del castillismo-echeniquismo (Echegaray, 1965, pp. 219-220; Basadre, 1983, IV, pp. 160-161)90. Sin embargo, a pesar del acuerdo entre los rivales, los intermitentes conflictos y el deterioro fiscal fueron provocando la ruralización en las relaciones políticas entre Lima y las provincias del interior. Estas últimas, dentro del contexto de crisis fiscal y desgobierno en la capital, incrementaron su situación de pequeños feudos de poder local. Las maquinarias políticas locales comenzaron a adquirir no solo una mayor autonomía, sino a ejercer una gravitación cada vez más importante sobre la deteriorada política nacional. Durante la revolución de 1868, que puso fin al gobierno de Mariano Ignacio Prado, las fuerzas disidentes se apoyaron en dos maquinarias políticas provincianas. En el derrocamiento del jefe del Gobierno Restaurador desempeñaron un rol fundamental el conglomerado políticomilitar del norte, comandado por el coronel José Balta, y el del sur, jefaturado por el general Pedro Díez Canseco. El encumbramiento de dos caudillos regionales en el gobierno limeño puso de manifiesto el surgimiento de una nueva casta militar menor —desarrollo epigonal del castillismo—, lo que evidenció el poder decisivo que las maquinarias políticas provincianas tenían en torno a lo que acontecía en Lima. Una aproximación a la maquinaria político-militar de Balta nos puede permitir comprender mejor cómo operaba y se nutría uno de aquellos complejos y desconocidos núcleos de poder local. El coronel José Balta — agricultor, y subprefecto de Chiclayo entre 1864-1865 y diputado por aquel departamento en 1868— era un antiguo echeniquista que había logrado construir un importante bastión político en los departamentos del norte, principalmente en Cajamarca y La Libertad. Chiclayo, provincia de este último departamento, fue, cabe recordar, antigua aliada del castillismo en la reacción de 1856 contra Vivanco. En su gestión en el gobierno chiclayano, Balta se ganó el aprecio popular a través de la realización de obras públicas, principalmente de regadío. Así, logró establecer buenas relaciones con las autoridades políticas y vecinos de la provincia liberteña. Durante la revolución Regeneradora de Prado, 1865-1866, el contingente político-militar baltista fue convocado por el coronel huanuqueño para 70

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