La utopía republicana

Diez Canseco. Es por lo anterior que no fue una mera coincidencia que luego del triunfo de la facción antigobiernista, apoyada por San Román, el flamante presidente Balta premiara pecuniariamente las lealtades de su aliado puneño (Echegaray, 1965, p. 507; Vásquez, 1976, p. 175)88. Si bien es cierto que estos conglomerados de intereses diversos carecían de un claro programa político, y que en la mayoría de los casos se movían por motivaciones personales y cuestiones de coyuntura, aquello no impidió que ejercieran —como hemos visto anteriormente— un peso específico en complejas alianzas que diseñaban la política nacional. En Arequipa, una ciudad altamente politizada y donde el vivanquismo acumuló mucho poder, el diputado Domingo Gamio que, según un pariente cercano, sufría de «monomanía de revoluciones», logró construir también, con la fuerza de su prestigio y su dinero, un importante contingente político local. Gamio, rico propietario y hacendado, pilar arequipeño de las revoluciones de 1854 y 1856, poseía una clientela popular con la que se relacionaba mediante «compadrazgos y otros medios por el estilo». La prodigalidad de «chichafuerte», como lo llamaban sus amigos, era comentada por propios y extraños, la cual se manifestaba en invitaciones y convites multitudinarios. Las chicherías, lugares de reunión y de bebida y donde usualmente se ventilaban los asuntos políticos locales, eran pagadas por Gamio para que sus partidarios pudieran beber gratuitamente. En 1855 la maquinaria gamista brindó su apoyo a Vivanco contra Castilla; en 1865, a Mariano Ignacio Prado, y en 1871 dividió sus afectos entre Ureta, primero, y Pardo y Echenique, después (Valdivia, 1874, p. 304; Echegaray, 1965, p. 500)89. A pesar de contar con cierto apoyo de Gamio para obtener las simpatías arequipeñas, Echenique también tuvo sus propios adeptos, quienes montaron en 1849 su organización política, «Sociedad de Fraternidad y Unión Electoral», para trabajar de manera organizada a lo largo del territorio nacional. Resulta probable pensar que, debido al manejo adecuado de sus relaciones y clientelas provincianas, el compañero de armas de Castilla pudo hacerse de la presidencia en 1851. La revolución de 1854, que lo alejó de la primera magistratura, no logró distanciarlo totalmente del poder. Luego de aquella, como «caído», Echenique hostigó activamente a su antiguo padrino, Castilla; posteriormente, como «alzado», llevó a cabo un importante acuerdo político con su detractor, realizado durante el gobierno de otro aliado militar, José Antonio Pezet, 1864-1866, y mediante el cual Castilla ejerció la presidencia de la Cámara 69

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