auge de la economía guanera y agrícola; otros, como el general y notable puneño, Miguel San Román, a los grupos de terratenientes surandinos, que más tarde se consolidarían con el boom lanero. Personalidades como el general José Rufino Echenique, militar combatiente de las guerras de la independencia, representaron a una casta militar enriquecida que había empezado a tomar fuerza con Gamarra, y que, a través de buenos negocios y alianzas matrimoniales, —en el caso de Echenique— con una de las familias arequipeñas más ricas e importantes, los Tristán, habían logrado agregar blasones aristocráticos a los ya conquistados en los campos de batalla. Finalmente, los núcleos arequipeños, con un tinte marcadamente regionalista, tuvieron en el general Manuel Ignacio de Vivanco, enemigo acérrimo del castillismo, a un importante defensor76. En pocas palabras, la plutocracia costeña con tendencias económicas e ideológicas liberalizantes, el gamonalismo serrano, la enriquecida burocracia militar posgamarrista y el regionalismo arequipeño exhibieron a sus preclaros representantes en el proceso electoral de 1851. En la campaña presidencial de 1851, que no necesariamente tuvo un candidato predeterminado, la mayoría de los participantes montaron sus respectivas maquinarias políticas77. Castilla, luego de medir las fuerzas y posibilidades de los candidatos presidenciales, y en muchos casos demostrar su apoyo a más de uno, ejerció sus funciones de arbitraje. Cuando el juego electoral se tornó violento y peligroso, el Ejecutivo, con la amenaza de detenerlo, llamó a las partes intervinientes a la cordura. Finalmente, el árbitro-presidente inclinó la balanza, con ciertos reparos, a su candidato de fusión: Echenique. A los perdedores interesados se les gratificó con el premio consuelo de participar con sus clientelas en la administración que se inauguraba. Es por el anterior diseño político, genialmente articulado por el consumado jugador Castilla, que contar con contingentes populares, dinero, y «contactos» en los altos niveles congresales, resultó imprescindible para participar en la contienda electoral, y tal vez, con algo de suerte, hacer los méritos suficientes para ganar78. LA «PAX» AMENAZADA Luego de las controversiales elecciones de 1851, dónde la difícil fórmula constitucionalidad y orden logró imponerse, pareció, por un momento, que la institucionalidad política castillista había logrado consolidarse. El electo general Echenique, emparentado con las familias más importantes de 64
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