La utopía republicana

En 1861, cuando el general Castilla asoció a las élites económicas nativas, «Los Hijos del País», a su proyecto, dándoles la consignación guanera para el codiciado mercado de Inglaterra, los grupos económicos locales comenzaron a mostrar un mayor peso específico en el mantenimiento del modelo político castillista (Basadre, 1983, V, pp. 48-52; Tantaleán Arbulú, 1983, pp. 67-72). La sucesión presidencial de 1851, en la cual el mandatario saliente asumió un rol arbitral, encumbró en el poder a su compañero de armas, el general José Rufino Echenique. Fue precisamente en la disputada campaña electoral que llevó a Echenique a la Presidencia de la República, donde Castilla exhibió con mayor transparencia el diseño de su modelo «autoritario-constitucional». En la lid electoral de 1850-1851 se dio la convergencia de los elementos necesarios para montar la matriz institucional requerida por el general tarapaqueño. La disposición de las élites políticas para participar en un «verdadero» proceso electoral72, la movilización popular, el fraude y la decisión final del supremo árbitro —el Ejecutivo— establecieron las líneas maestras del modelo político que Castilla intentó institucionalizar. La amplitud participatoria amparada por el ambiguo reglamento de elecciones de 1849, la intermediación del sistema indirecto y el fraude permanente en la emisión de las «cartas de ciudadanía» posibilitaron la existencia de una peculiar dinámica electoral urbana. En esta, la disputa entre las diferentes facciones de la élite no solo apeló a la movilización de fuerzas de choque populares con la finalidad de llamar la atención del ejecutivo, sino que se vio irremisiblemente sometida a la decisión final de aquel. En el contexto anterior, el fraude y la poca claridad de la ley de elecciones resultaron siendo elementos que coadyuvaron en la elaboración del sistema arbitral castillista73. El autoritarismo político, disfrazado con ropaje y ritual democráticoelectoral74, posibilitó la creación del escenario de legalidad, requerido por el discurso herreriano. Aquel permitió, además de la liberación de las energías políticas de las élites, el entretenimiento y, en muchos casos, el trabajo estacional de las masas urbanas75. Los candidatos que participaron en la contienda electoral organizada por Castilla, y que permitieron implementar, indirectamente, un montaje legitimizador para su proyecto, fueron representativos de los grupos económicos que se habían ido perfilando y consolidando durante su sexenio. Algunos, como Domingo Elías, hacendado costeño, importador de chinos y financista del Estado, representaron al sector de la élite costeña que se había favorecido con el 63

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