La participación de Castilla en la mayoría de los enfrentamientos que conmocionaron al país luego de la independencia, le permitió conocer, «palmo a palmo», el territorio nacional y establecer, por lo mismo, una red de relaciones provincianas, que luego capitalizó62. En 1845, luego de derrocar al gobierno del Directorio encabezado por el general arequipeño Manuel Ignacio de Vivanco, asumió, finalmente, la Presidencia de la República. Durante su primer gobierno, 1845-1851, llamado de «apaciguamiento nacional», Castilla logró aquietar temporalmente a las facciones, que habían venido asolando con sus enfrentamientos la estabilidad política del país. Para lograrlo, «el guerrero filósofo», como lo llamó Menéndez, implementó una sinuosa y contradictoria política de alianzas con liberales y conservadores. Dentro de este contexto, la repatriación de los restos mortales de los feroces enemigos y defensores de dichas antagónicas tendencias políticas —José de La Mar y Agustín Gamarra— selló su ambivalente política, en la que un gobierno de unidad nacional fue construido por encima de los faccionalismos de antaño63. Para la puesta en marcha de la política unitaria castillista resultó fundamental el sustento ideológico que le proveyó el discurso autoritario y cohesionador de Bartolomé Herrera, quien había establecido vínculos con Castilla desde los años en que aquel militar le concedió una canonjía de gracia en la Catedral de Lima. La actuación política de Herrera durante la administración de su protector —como diputado y presidente de la Cámara Baja—, unida a su gran prestigio académico, le permitieron ejercer una importante influencia intelectual en los años formativos del castillismo. Sin embargo, a pesar de las simpatías públicas que mostró por Castilla, Herrera se opuso a los planes reeleccionistas del general. Durante la gestión de su sucesor, Rufino Echenique, 1851-1854, el sacerdote ocupó la importante cartera de Justicia, Instrucción y Culto. Desde ahí, y como continuación de la labor ideológica iniciada en el Convictorio de San Carlos, Herrera ejerció un papel preponderante en el diseño de la reforma educativa64. El discurso ideológico herreriano, expresado con claridad durante las exequias del general Agustín Gamarra, el 4 de enero de 1842 y en la conmemoración de la independencia nacional, el 28 de julio de 1846, buscó promover, básicamente, la reconstrucción de la legitimidad política perdida, el respeto por la autoridad y la vuelta a la unidad nacional. Así, el concepto cohesionador que se manejó fue el del «amor a la Patria». Teniendo como antecedente la «simbólica» muerte de Gamarra en Ingavi, 59
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