políticos que aún desconocemos, forjó la matriz fundamental de la cultura política peruana. Este capítulo, mediante el análisis del surgimiento, puesta en funcionamiento y crisis del modelo político implementado por Castilla, pretende abrir ciertas líneas de investigación que permitan comprender mejor la impronta que, en el proceso formativo de la cultura política nacional, tuvo el diseño institucional del Gran Mariscal. LA ESPADA, LA CRUZ Y EL GUANO Ramón Castilla y Marquesado, 1797-1867, militar combatiente de las guerras de la Independencia, contribuyó a solidificar la precaria «institucionalidad criolla» que precedió a los intentos de modernización política ensayados por el civilismo54. Si bien es cierto que el general Agustín Gamarra, lugarteniente peruano de Simón Bolívar, intentó, con poco éxito, establecer las bases institucionales del período posbolivariano, fue Castilla el que concretó lo que los frustrados intentos previos no lograron. El modelo de institucionalización castillista, ensayado inicialmente durante el primer gobierno del militar tarapaqueño, 18451851, tuvo como base principal la «unión sagrada» de todos los peruanos y la «conjunción nacional» de todas las voluntades55. El esquema anterior fue posible debido a las múltiples clientelas que Castilla logró acumular a lo largo de su intensa y prolífica carrera político-militar56. La ideología cohesionadora que sustentó al proyecto político castillista, esbozada en la temprana década de 1840 por un intelectual conservador, el sacerdote Bartolomé Herrera, sirvió para recomponer, temporalmente, un cuerpo social seriamente dañado por las endémicas guerras civiles que sucedieron a la independencia57. Para el circunspecto Herrera cada tiempo tenía su propia tarea y la de Castilla había sido «crear y robustecer la paz pública»58. Esta, intensamente anhelada luego de un largo período de extenuantes guerras civiles, pudo consolidarse debido a la aparición en las islas de la costa peruana de un recurso «providencial»: el guano. Las ingentes cantidades de dinero que obtuvo el país como producto de la venta del codiciado patrimonio fiscal permitieron, además de la reconstrucción del alicaído aparato estatal peruano, la recompensa puntual a las innumerables clientelas del gobierno. La renta guanera posibilitó, en consecuencia, comprar la tregua política, estableciendo un relativo período de paz en el territorio nacional. El modelo de transacción y acuerdo político diseñado por Castilla, legitimizado por Herrera y respaldado con el dinero proveniente de las exportaciones guaneras fue, en consecuencia, 57
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