disciplinadora y generadora de identidades colectivas. Los rituales cívicos encargados de ordenar al cuerpo político republicano servirán, asimismo, para que el ideal que este representa sea introyectado por sus miembros constitutivos: los ciudadanos. Rescatar al republicanismo como una categoría de análisis me permitirá explorar, dentro de sus propios términos, a una realidad político-ideológica peruana y latinoamericana que aún espera ser descubierta. Cabe anotar, asimismo, que trabajos históricos similares al que yo propongo, para el caso peruano, ya han sido realizados para los Estados Unidos y, en menor medida, para México49. Estos no solo han servido como punto de partida en el redescubrimiento de una textura cultural mucho más rica y compleja que la que nos provee la interpretación liberal clásica, sino que han refocalizado el debate del proceso histórico de construcción estatal, dentro del contexto ideológico en el que fue generado. La construcción de un discurso legitimizador capaz de convencer a las mayorías de las bondades de determinado proyecto hegemonizador no es tarea fácil. Así, una aproximación a las tensiones y conflictos que emergen en la puesta en marcha del republicanismo en el Perú —el cual despierta por su matriz constitutiva ambivalentes lecturas—, además de permitirme dar cuenta de las respuestas que su imposición desencadena en una sociedad desigual y heterogénea, me posibilitará darle una voz y un rostro tanto a «los de arriba» como a «los de abajo». Si bien es cierto que el apabullante material que generan los primeros imposibilita, la mayoría de las veces, tener una visión equilibrada de los segundos, he intentado presentar el proceso político de construcción estatal peruano en la forma de un intenso diálogo en la esfera cultural de la República. En aquel, obviamente desigual y a veces arbitrario, serán los seres humanos y no las abstractas fuerzas sociales las que participarán en la gestación de su propia historia. Cabe indicar, sin embargo, que el material con el que he trabajado me permite darles voz, muchas veces débil y fragmentada, a los sectores medios y populares urbanos, más no a las grandes mayorías indígenas. Estas no están fuera de mi investigación por una arbitrariedad o por un error de omisión, sino porque me resulta materialmente imposible abrir un nuevo canal de análisis al carecer de las fuentes necesarias para hacerlo. Por otro lado, dentro de la discusión en mi período de estudio los indígenas no solo eran una suerte de «invitados de piedra» en la construcción de las identidades colectivas nacionales que a todas luces les competía, sino que 46
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