no exhibían aún el peso político decisivo que adquirirán durante el temprano siglo XX. La tercera meta de este trabajo es establecer un cierto balance, que para el caso peruano está perdido, entre crítica y tradición. Si bien es cierto que la discusión entre los defensores de la teoría crítica y los de la hermenéutica no han llegado aún a un acuerdo, mi estudio se desarrollará teniendo en cuenta esta importante y trascendental discusión intelectual, en la cual muchos de los paradigmas, en los que se basa el pensamiento occidental, han sido revisados y cuestionados. En el debate que se centra básicamente entre Jürgen Habermas y Hans Gadamer, y que atraviesa por diversos ciclos de discusiones y comentarios, se enfrentan dos posiciones de aproximación a la realidad, que difieren en la metodología pero que coinciden en rescatar el rol intersubjetivo del lenguaje para el análisis de la sociedad. La Teoría Crítica, defendida por Habermas —heredero del pensamiento de la Escuela de Frankfurt—, sostiene que la ideología, manifestada en el discurso político e intelectual, debe de ser desenmascarada. Sus premisas principales son la sospecha y la desmitificación. Por otro lado, la aproximación hermenéutica, apoyada por Gadamer —discípulo de Heidegger—, señala que para entender se debe ingresar a un proceso eterno de reflexión interpretativa. La comprensión es, dentro de este contexto, una efectiva relación histórica, en la cual el historiador es consciente de que la aspiración del otro emerge por su propio derecho de la tradición. El lenguaje es visto no como un instrumento de manipulación ideológica, a la manera de los teóricos críticos, sino como un elemento esencial para establecer el diálogo con el pasado. Así, el conocimiento no se gana por la adopción de un método dado por las ciencias naturales en la cual un observador neutral confronta un mundo objetivo, que pasivamente anota, sino por un proceso intersubjetivo que implica el diálogo «infinito con la realidad». La interpretación es, en consecuencia, recobrar la intencionalidad original del producto cultural y participar en una meta común con sus elaboradores, mediante la «fusión de horizontes». Lo anterior es un reconocimiento de que podemos comprender algo en su «otredad». La tradición para los hermenéuticos proporciona, en consecuencia, el flujo de ideas y asunciones sobre las cuales debemos pararnos50. En el caso del Perú, una frustrante evolución histórica, manifestada en el surgimiento de una cultura política violenta y autoritaria, ha alentado el rechazo entre los intelectuales hacia el estudio de las tradiciones políticas 47
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