inmanejable; e intentar un viraje intelectual hacia los estudios sobre el desarrollo de la democracia y las instituciones. Sin embargo, a pesar del laudable esfuerzo e interesantes revelaciones, el desconocimiento político sobre el decisivo siglo XIX aún persiste en el país. Algunos trabajos recientes como el de Alberto Adrianzén han iniciado el diálogo entre la democracia peruana y las tradiciones políticas que la han sustentado históricamente. Sin embargo, la propuesta anterior ha centrado su análisis en el siglo XX y ha olvidado que fue en el siglo XIX que aquellas realmente se originaron. La discusión sobre ciudadanía, por otro lado, al incidir en un recuento de la tradición ciudadana europea con sus vertientes hispánica y sajona, no ha intentado reconstruir empírica o teóricamente una aproximación al desarrollo de la cultura cívica peruana. Dentro de la propuesta general presentada por Adrianzén, otras perspectivas han logrado, sin embargo, desbrozar el camino hacia una interpretación político-ideológica, principalmente para el período de la Independencia. Así, Juan Abugattás, en su pionero estudio «Ideología de la Emancipación», no solo logró establecer una metodología innovadora, una capaz de combinar lo empírico y lo teórico, sino que observó acertadamente «sobre el alma demasiado sociológica de los historiadores nuevos». Estos han caído frecuentemente en la tentación de hacer «historia sin protagonistas». Su afirmación sobre la importancia de volver a los estudios de las ideas es muy rescatable y pertinente en la actualidad. De la misma manera lo es el trabajo de Fernando de Trazegnies, «La Genealogía del Derecho Peruano: Los Juegos de Trueques y Préstamos» (1987), el cual aportó un concepto importante, «modernización tradicional», para aproximarse al pensamiento político del siglo XIX. Sin embargo, si bien aquella categoría es un instrumento valioso de análisis, no debemos caer en el facilismo de usarlo como «cajón de sastre» en el afán de explicar lo que no conocemos en profundidad. Es indispensable establecer el contexto histórico específico para la utilización de un concepto que puede caer en el riesgo de trivializarse sino se le utiliza cuidadosamente43. A pesar de los meritorios esfuerzos por tratar de entender el proceso político peruano, la repetición cuasi ritual de los viejos argumentos, comunes a las teorías dependentistas y sociologizantes del pasado, muestra no solo las dificultades de parte de muchos de los «neomarxistas» interesados en los temas políticos por desprenderse de sus prejuicios ideológicos, sino el persistente desdén de los intelectuales peruanos hacia la política y su historia. Aquel desprecio constituye un potente «habitus» 43
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