La utopía republicana

radicales defensores a las contradicciones que le opusieron las dramáticas condiciones históricas. El creciente interés de la historiografía latinoamericana de la última década en torno a la problemática de la ciudadanía política, entendida básicamente como el vínculo entre la sociedad civil y el poder político, guarda una estrecha relación con las dificultades que se evidencian en la región en relación con los procesos de implementación de democracias reales. Las innumerables paradojas a las que han llevado los procesos de transición democrática iniciados en la década de 1980 —el caso peruano uno de los más notables— no solo han obligado a cuestionar la linealidad de un modelo de democratización política, a todas luces imprevisible, sino que han provocado que muchos intelectuales, tanto de derecha como de izquierda, replanteen el tema de la ciudadanía, que puede ser una categoría útil para comprobar el grado de «democracia real» mostrada por los distintos gobiernos que hoy autoexhiben con orgullo el membrete de democráticos. En dicho contexto, resulta importante explorar las connotaciones que el concepto de ciudadanía mostró dentro de cada proceso histórico específico y cómo aquella noción fundamental fue reformulada e incluso distorsionada por las contingencias históricas. El rescate del tema de la ciudadanía que, para el caso peruano, exhibió rasgos innovadores emparentados con el mundo del trabajo y de la producción, resulta fundamental en un momento como el actual, en el cual la participación popular está siendo cuestionada e incluso peligrosamente arrinconada. Los persistentes intentos por hegemonizar un discurso neoliberal en la región —discurso que pugna por dejar a las fuerzas del mercado las más esenciales tareas políticas—, además de estar reduciendo, en aras de la eficiencia, el campo de acción del Estado, paradójicamente también están privatizando a la sociedad civil. Así, el proceso de desmantelamiento del Estado, escenario común en muchos países latinoamericanos, no va en paralelo al del fortalecimiento de la sociedad civil, sino por el contrario, va de la mano con la lenta corrosión y deslegitimización de cualquier espacio organizativo donde aquella pueda expresarse. Por todo lo anterior, el establecimiento de una conexión indisoluble entre democracia y ciudadanía, además de permitirnos evaluar muchos de los modelos políticos vigentes, puede colaborar en dar luces en torno a la difícil relación entre sociedad civil y poder político. El análisis de dicha relación, como he intentado probar a lo largo de este trabajo, 416

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