La utopía republicana

políticas y económicas peruanas. En 1919, en las postrimerías del gobierno de José Pardo, diferentes sectores sociales hacían evidente su descontento con un régimen incapaz de encontrar nuevas fórmulas y símbolos que colaboraran en la tarea de cohesionar a un cuerpo social seriamente fragmentado y polarizado. El republicanismo cívico que, a fuerza de repetirse intermitentemente a lo largo de casi un siglo de permanentes frustraciones, había perdido su poder de convocatoria, no fue capaz de despertar el interés de numerosos sectores del país en la segunda década del convulsionado siglo XX. Tales sectores percibieron que aquel no era más que la máscara legitimizadora de una política inepta y «tradicional» Así, en un escenario político minado por la crisis del discurso republicano, por la polarización social y por las preocupantes fluctuaciones en la economía exportadora, el sistema llevó a cabo un interesante y aún no estudiado proceso de reconversión. En pocas palabras, asumió un nuevo ropaje más acorde con los turbulentos tiempos. La «Patria Nueva», además de incorporar el patrimonialismo castillista con el fin de neutralizar un creciente e inmanejable conflicto social, utilizando para ello el conocido mecanismo del endeudamiento externo, llevó a niveles alarmantes las tendencias autoritarias que habían caracterizado a la evolución de la política peruana. La alianza estratégica con los núcleos militares, la destrucción sistemática de todas las fuerzas opositoras, la clausura del Congreso de la República y la cooptación o persecución de los enemigos y disidentes fueron algunos de los métodos «tradicionales» que la «Patria Nueva» institucionalizó. En tal contexto, el republicanismo-cívico, como concepto de organización política, simplemente desapareció de los escenarios oficiales. Los ideales republicanos de democracia y ciudadanía, entendida esta última como una estrecha conexión con el mundo de la producción y el trabajo, fueron dejados de lado en aras del espejismo de la «Patria Nueva», pero es posible encontrar ciertos conceptos del republicanismo cívico en las ideologías contestatarias al nuevo modelo político-ideológico implementado por Leguía. En efecto, nociones tales como las de una alianza policlasista que comprendiera a intelectuales y obreros, la idea de las universidades populares, la defensa de los indios, el panamericanismo, el activo rol del Estado en torno a las riquezas estratégicas y a los asuntos sociales, la desconfianza hacia un imperialismo en expansión y el moralismo en la política emergieron potencializados en tiendas apristas y socialistas. Así, el republicanismo cívico sobrevivió con nuevos rostros y 415

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