resulta fundamental para comprender históricamente el proceso formativo de los Estados-nación en la región. La solución a la problemática de la ciudadanía, entendida como una comunidad de iguales, fue una tarea fundamental para el republicanismo peruano auroral. Este trabajo ha mostrado cómo a la concepción relativamente amplia y radical del republicanismo-civilista peruano le sucedió una que guardaba las formas simbólicas de aquel pero que restringía sensiblemente el nivel de participación real de la población. La dinámica histórica que he analizado, en la cual los ideales igualitarios y democráticos cedieron lugar a los de una «Realpolitik» autoritaria —una en la que un mayor control sociopolítico del territorio nacional era la tarea fundamental—, guarda importantes coincidencias con procesos similares en otros países de la región. Así, la resultante de los proyectos políticos cívico-republicanos en Latinoamérica poco o nada ha tenido que ver con el diseño original. Es por lo anterior que una lectura del proceso político peruano en particular y latinoamericano en general, a partir de las distorsiones del presente, no debe hacernos olvidar la existencia de proyectos políticos innovadores en el pasado. Estos, con todos sus defectos y limitaciones, se plantearon la difícil tarea de construir comunidades políticas en las cuales fueran decisivos los ideales de solidaridad, de justicia y de participación. Mi tarea como historiadora ha sido, simplemente, hacer recordar a muchos desmemoriados cómo un sector de la sociedad peruana fue capaz de inventar sus propios sueños e ilusiones para la construcción de un orden más justo y humano en el país. Que esos ideales no se cumplieran y, por el contrario, fueran continuamente traicionados es una historia que merece más atención de la que usualmente se le ha prestado. 898 «El país quiere reformas constitucionales que destierren para siempre la vergüenza intolerable de los gobiernos burocráticos personales condenados a la pasión…Tenemos la obligación de crear la democracia efectiva y de hacer la felicidad de nuestra querida patria». (Augusto B. Leguía, «Manifiesto a la Nación» en La Prensa, 5 de julio de 1919). 899 «La realidad peruana, en efecto, con su raza enferma, triste, analfabeta y degenerada por la miseria y el alcohol … no propicia a grandes intentos renovadores. Pueden ponerse la sinceridad, la nobleza de los propósitos, los prestigios de un nombre o la fuerza de unos máuseres, pero es difícil que de esa realidad brote la reforma y el progreso efectivo». (La Crónica, 8 de julio de 1919). 900 La Crónica, 8 de julio de 1919. 417
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