de los «Padres Fundadores», en la cual el apoyo militar fue fundamental para la consolidación de la Independencia, los republicanos de la posguerra convocaron, con la finalidad de «salvar a la República», a la figura carismática y respetable de un héroe nacional, el general Andrés Avelino Cáceres. La alianza cívico-militar que se construyó a partir de la unión de los núcleos políticos civiles sobrevivientes de la guerra y las vanguardias militares fieles a Cáceres reelaboró el republicanismo cívico del pasado, que mantuvo su vigencia simbólica, pero renunció a la acción democratizadora que lo caracterizó en 1871. El temor a la fragmentación política y al desborde social, como producto de la debilidad del aparato estatal, determinó la puesta en marcha de un «republicanismo conservador», que hacía gala de rituales y de símbolos pero que mantenía en raya cualquier intento de movilización política. El modelo «republicano-conservador» de la posguerra fue funcional al control social que las élites nativas requirieron para llevar a cabo un nuevo proceso de acumulación capitalista, durante el cual, aquellas no solo debieron prescindir de una riqueza fiscal capaz de neutralizar el conflicto social que dicho proceso, obviamente, desencadenaría, sino también mantener una situación de subordinación frente al capital internacional. Este último empezó a fluir con fuerza en el país como consecuencia de los cambios ocurridos en la coyuntura internacional y las políticas aperturistas de los neorrepublicanos. En un escenario de rediseño de la política nacional, en el cual, en aras de la reconstrucción material de las vanguardias económicas, el boceto republicano inicial fue radicalmente alterado, grupos políticos marginales a las cúpulas de poder retomaron el discurso cívico-republicano del pasado. Lo anterior puso de manifiesto no solo la gran vitalidad de una tradición política que parecía enterrada, sino la rearticulación de los núcleos urbanos y provincianos que le dieron fuerza en sus estadios iniciales. El resurgimiento del republicanismo cívico resultó de gran utilidad en la medida que los militares comenzaron a demostrar sus intentos hegemonizadores dentro del bloque de poder que surgió en el período de la posguerra. La «Coalición Nacional» (1894-1895), que removió del poder a la cúpula militar cacerista mediante una violenta movilización política nacional, recreó la alianza interregional, cívica y policlasista de 1871. La emergencia de un discurso ciudadano, el cual aún mostraba mucho de su poder de convocatoria popular, junto con el desgaste de la fórmula autoritaria vigente, posibilitó que una suerte de resucitado republicanismo413
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