El difícil contexto económico en el cual se implementó el proyecto cívico-republicano peruano, junto a las intensas respuestas disidentes que este despertó en la Iglesia y en los grupos desplazados del poder, determinó que, en aras de una necesaria «paz social», se llevara a cabo una suerte de acuerdo entre los republicanos y los defensores del viejo patrimonialismo autoritario del pasado. El debilitamiento —y en algunos casos el violento desclasamiento de las vanguardias activas del proyecto republicano peruano: los sectores medios o «ciudadanos»—, como producto de la grave crisis económica por la que atravesó el país, obligó a una reformulación del boceto republicano original. De esta manera el republicanismo civilista retomó con ciertos reparos las viejas prácticas patrimonialistas del pasado. En tal contexto, la meta que se trazó fue reconstruir, a partir de un nuevo elemento fiscal, la riqueza salitrera, el universo social que debía servir de soporte a su proyecto, neutralizando, al mismo tiempo, el desborde popular y el proceso de polarización social que amenazaba su puesta en marcha. El «republicanismo-patrimonialista» fue conmocionado por la Guerra del Pacífico, cuya razón de ser, paradójicamente, fue la decisión que tomó el «Estado Civilista» en torno a la estatización de una riqueza que le serviría de cimiento material para la concreción de su modelo políticoideológico. La Guerra del Pacífico, en la cual el Perú fue derrotado, además de privar a la élite política peruana de las bases materiales para la implementación y consolidación del republicanismo y de sus vanguardias ciudadanas, destruyó las bases de reproducción de sus núcleos partidarios urbanos, tanto limeños como provincianos. La guerra, en pocas palabras, arrasó con las bases políticas, económicas, ideológicas e incluso geográficas del sueño republicano. Lo anterior, junto con el asesinato del expresidente Pardo —uno de los principales ideólogos civilistas—, unos meses antes del conflicto bélico, significó un profundo quiebre histórico para el desarrollo político peruano. Así, luego de que la sangrienta disputa entre Chile y Perú finalizó, los conflictos económicos, políticos, sociales e incluso culturales que habían sido escenario común a lo largo del período nacional, y que el proyecto republicano intentó amortiguar sin éxito, se agudizaron intensamente. Así pues, la amenaza de una autoproclamada secesión norteña se cernió, incluso, sobre la república peruana. El período de la posguerra reformuló el modelo cívico republicano utilizando para ello el apoyo de importantes contingentes militares sobrevivientes de la Guerra del Pacífico. Sin negar su propia herencia, la 412
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