La utopía republicana

El republicanismo cívico que emergió en la década de 1860, y que arraigó ideológica y políticamente en Lima y las provincias, nació como una respuesta nacional al derrumbe del modelo patrimonialista vigente, así como a las grandes transformaciones socioeconómicas provocadas por la incorporación del Perú al sistema capitalista internacional. El modelo patrimonialista gestado en el Perú, algunas décadas después de la Independencia, a partir de la exitosa articulación entre una próspera economía exportadora, un discurso católico-autoritario y un militarismo triunfante, comenzó a dar —luego de tres largas décadas— claras muestras de desgaste. En efecto, el proyecto político-ideológico de «la República Práctica», con su prédica ciudadana, sus rituales y símbolos, y sus intentos de civilizar los espacios públicos, debió confrontar una tradición política que, a pesar de mostrar inocultables signos de agotamiento, exhibió un fuerte arraigo en el país. El choque entre patrimonialismo y republicanismo, el cual ocurrió en las violentas elecciones de 1872, probó que las banderas del trabajo y la producción, defendidas por las vanguardias artesanales y los grupos medios urbanos peruanos, fueron lo suficientemente poderosas durante la etapa de ocaso y derrumbe del modelo exportador guanero. La opción republicana se convirtió en una alternativa política solo cuando las bases materiales que sustentaban el proyecto patrimonialista desaparecieron. El desvanecimiento de las bases materiales que nutrían al modelo patrimonial, además de permitir al republicanismo civilista erigirse en poder real, condicionó e incluso distorsionó el programa inicial de aquel. En efecto, un análisis detenido de los años de la «Experiencia Republicana» peruana (1872-1878) no solo me han posibilitado dar testimonio del surgimiento de un innovador proyecto político-ideológico de construcción estatal y de identidades colectivas —en el cual la educación y la formación del ciudadano ocupó un lugar fundamental—, sino que me han permitido, simultáneamente, dar luces sobre los profundos conflictos sociales y la precariedad económica sobre la cual descansó el proyecto cívico-republicano. Dicha novedosa alternativa logró su hegemonía política en un escenario dominado por dos crisis económicas paralelas: la de la economía exportadora, a la sombra de la cual el republicanismo y sus soportes sociales, sectores medios y élites regionales fueron creciendo, y la del capitalismo internacional, que conllevó al recorte de los flujos de capital y de comercio que hubieran colaborado en la reproducción y fortalecimiento de sus vanguardias económicas urbanas. 411

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