al Estado y las clases medias frente a los movilizados sectores populares; un periodista subrayaba que en la «Patria Nueva» no existía «un solo hombre nuevo». De este modo, la enmascarada fórmula legitimizadora de la «Patria Nueva», funcional para la oxigenación de un sistema autoritario agotado, además de defraudar el «aliento de modernidad» y «el efluvio de idealismo» del «pueblo», resultó siendo, en palabras de uno de sus anónimos críticos, una compleja combinación de hombres que habían podido mantenerse a flote «en los vaivenes de una política de acomodos, transacciones y vergüenza»901. En resumen, luego de casi cinco décadas de avances y retrocesos políticos, la consolidación de la democracia, objetivo del republicanismo cívico, además de no haberse cristalizado, tendió a complicarse aún más. Así en 1919, con la aparición de la síntesis «republicano conservadorapatrimonialista», exhibida en toda su magnitud durante el Oncenio de Leguía, una amalgama no solo de hombres sino de ideas, tradiciones, estrategias políticas —y por qué no decirlo, de contradicciones—, reformuló el modelo político peruano. Este, a manera de un collage, incorporó y potencializó los residuos de los fracasados modelos que le precedieron, dejando en la periferia, por peligroso e inviable, al innovador republicanismo cívico, redescubierto durante la campaña electoral de 1871. El proceso histórico, o «Gran Arco», que llevó al desenlace previo ha sido tema de este estudio. Mediante una categoría de análisis alternativa, este trabajo ha explorado el republicanismo civilista, la evolución político-ideológica peruana del último lustro del siglo XIX y del temprano siglo XX. Refocalizar el eje de la discusión historiográfica al «campo intelectual» de «la República» y al de las tradiciones cívicas que le son inseparables me ha permitido no solo descubrir un universo sociocultural mucho más rico y complejo que el provisto por categorías liberales o marxistas, sino que me ha ayudado a rebatir los criterios existentes en la historiografía peruana respecto a la ausencia de ideas y de proyectos políticos en el país. El seguimiento detenido a la «Experiencia Republicana» peruana, una donde categorías individualistas y comunitarias confluyen en un original y contradictorio modelo de cambio sociopolítico, además de abrirme las puertas a una fascinante tradición cultural, profundamente anclada en el imaginario colectivo nacional, me ha servido de punto de partida para analizar el frustrado proceso de construcción de una política nacional y de instituciones políticas democráticas en el país. 410
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