La utopía republicana

EPÍLOGO. ¿PATRIA NUEVA O PATRIMONIALISMO VIEJO? REPENSANDO EL PROCESO POLÍTICO PERUANO Las sociedades tienden a veces a efectuar movimientos pendulares o circulares y en estas condiciones lo pasado puede ser lo futuro, lo presente lo olvidado y lo posible lo real. Julio Ramón Ribeyro, Cambio de guardia El 4 de julio de 1919 la política de lo posible se impuso sobre un ideal cívico-republicano a todas luces inviable. Así, el surgimiento de un experimento político-ideológico alternativo, denominado de la «Patria Nueva» (1919-1930), sustituyó violentamente al fracasado republicanismo que he analizado a lo largo de este trabajo. Sin embargo, a pesar de su autoproclamada novedad, la «Patria Nueva» no pudo disimular su inocultable aire de familia con el patrimonialismo autoritario que modeló tempranamente a la cultura política peruana. De la misma manera, aquella fue incapaz de prescindir del esquizofrénico discurso republicanoconservador, cuyos símbolos intentó destruir. La situación anterior levantó serias dudas en torno a la administración «regeneradora» de Augusto B. Leguía. Este, en su «Manifiesto a la Nación», luego del golpe de Estado contra José Pardo, siguió defendiendo, en nombre de «la patria», la puesta en marcha de una «democracia efectiva»898. Sin embargo, el problema fundamental giraba en torno a la impertinente e irresuelta pregunta secular: ¿quiénes serían los actores encargados de llevar a cabo la cada vez más complicada tarea democratizadora?899. La «Patria Nueva», a pesar de nacer envuelta con la esperanza de un cambio estructural, que conllevara a la reformulación del Estado a partir de «una gestación colectiva»900, no fue más que un remedo en versión radical de las fracasadas tradiciones políticas del pasado. En efecto, en un editorial que circuló clandestinamente un mes después de la instauración del proyecto leguiista, el cual tendió a la atención de ciertas urgentes necesidades sociales, permitiendo, por otro lado, un rol de intermediación 409

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