La utopía republicana

escombros de prolongados e irresueltos combates ideológicos, como si nunca hubieran existido. Las nuevas generaciones aprendieron que la historia política peruana se había inaugurado en el «simbólico y auroral» debate, Mariátegui-Haya de la Torre40. Todos los desarrollos políticos previos, «burdas y bastardas componendas egoístas» de grupos minúsculos e ilegítimos fueron eliminados de una historia que de por sí ya estaba mutilada. Trozos enteros de nuestro pasado político, donde se dieron los primeros balbuceos y se articularon las primeras palabras, fueron cercenados o deslegitimizados. El diálogo con el siglo XIX, que hubiera significado una mayor comprensión de la matriz política del siglo XX, fue cortado tempranamente y sustituido por un monólogo crítico e implacable desde el presente. Lo anterior se evidenció principalmente a nivel historiográfico. La tendencia antipasado político en la historiografía peruana se reforzó y potencializó en el país a raíz de la entrada de las teorías estructuralistas y dependentistas, que comenzaron a aparecer en la década del setenta en Latinoamérica41. Por una extraña situación, que habría que analizar con detenimiento, los «nuevos historiadores» y «científicos sociales», en lugar de reconstruir el pasado político, lo destruyeron; o lo que resulta más grave: lo distorsionaron totalmente42. La «nueva historia» falseó y dehistorizó. Las gruesas generalizaciones que se establecieron en torno a la evolución política peruana del siglo XIX y temprano XX crearon una seudohistoria de la cual no es posible extraer más que la repetición de las eternas discusiones maniqueas de antaño. El paradigma histórico de un siglo XIX, «a la deriva», plagado de traiciones y corrupción es el que, desgraciadamente, aún prevalece en nuestro país, no solo a nivel académico sino popular. Dentro de esta línea cabe ubicar el sugerente trabajo de Heraclio Bonilla, Guano y burguesía. Este, a pesar de que nació como un temprano y novedoso intento de analizar la génesis en el último lustro del siglo XIX de la clase peruana, cuya expresión fue el civilismo, no absolvió su pregunta fundamental. Así, por qué en el Perú no pudo constituirse una clase burguesa y por qué la clase dirigente peruana no pudo desarrollar un programa nacional burgués, es una interrogante que aún espera respuesta. El principal error de Bonilla, aparte de trabajar con bibliografía «íntegramente europea», y dejar de lado el análisis de la tradición política republicana, que Manuel Pardo y el primer civilismo representaron e intentaron poner en funcionamiento, fue partir de una visión presentista y 41

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