organización política a nivel nacional, similar a la que exhibió el Partido Civil durante la campaña de 1871877, tuvo su nervio central en los sectores intelectuales, principalmente universitarios, del país878. Así, desde el departamento serrano de Cerro de Pasco, la redacción de un periódico local felicitaba la aparición de una «intelectualidad peruana» que osaba «ponerse de pie» para hacer respetar «el sentimiento sincero» de una «nacionalidad» amenazada879. José de la Riva-Agüero, bisnieto de un presidente y nieto de uno de los fundadores y activos colaboradores del Partido Civil, representó la respuesta de la élite intelectual limeña y provinciana al enorme reto de proveer de una imagen política unificadora a un país desgarrado por enormes contradicciones sociales880. Si bien la asociación política «regeneradora», que contó entre sus miembros a poetas, literatos e intelectuales destacados —José Gálvez, Rafael de la Puente, Abraham Valdelomar y Julio C. Tello, entre ellos—, intentó acercarse a las clases trabajadoras, siendo fuerte en el gremio tipográfico881, el espacio fundamental para la forja de la «concordia patriótica» planteada por RivaAgüero fue la esfera cultural e intelectual882. La pugna por la construcción de nuevos símbolos cohesionadores fue planteada, en consecuencia, en el seno de una intelectualidad nacional «sensata» que disputaba la hegemonía ideológica con una demagogia «escandalosa y vocinglera». Una aproximación al discurso político de un miembro del Partido Nacional Democrático, Cipriano Hiravingo, además de darnos luces de la ideología que prevaleció entre los núcleos partidarios provincianos, puede aproximarnos a las relaciones que se establecieron entre la dirigencia limeña y los seguidores de provincias883. Hiravingo, poblador del distrito de San Damián en la provincia de Huarochirí, fue encargado por el «padrino» Riva-Agüero para pronunciar el discurso de orden con motivo de la inauguración de la Biblioteca Pública que aquel había donado a su localidad. En su alocución, el «incondicional» partidario serrano mostró su agradecimiento al «núcleo escogido de actores» que estaban trabajando por el «bienestar nacional» y por el ascenso del país a «las cimas de la civilización». Para Hiravingo, la «finalidad cultural» del programa del Partido Nacional Democrático prevalecía sobre todas las demás. Lo anterior se debía a que era en el campo del intelecto, representado simbólicamente por la biblioteca inaugurada884, donde se gestaban las tareas moralizadoras885 y se plasmaba «el alma colectiva» de una nación. 394
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